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Columna

La terquedad del abismo

“Dando rienda suelta a historias y anécdotas, indispensables para sobrellevar la vida sin derrumbarse recordando personas...”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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Jorge Eliécer Garzón Buelvas (Colosó, Sucre, 1 de diciembre de 1933) y mi padre Rafael Antonio Vergara González (Sincelejo, 24 de diciembre de 1924 - Cartagena, 7 agosto de 2018), sabaneros de pura cepa, temperamentales, solidarios, afectuosos, sobrevivieron invictos a agrestes circunstancias de la vida.

Don Jorge, LIBERAL en mayúsculas, enamorado, servicial y corajudo, cumplirá 93 años rodeado de afectos e historias. De Colosó a Corozal, y finalmente a Cartagena, donde fabricó el nido soñado a su familia y, desde siempre disfruta recordando anécdotas aleccionadoras para lograr estabilidad familiar y laboral, tratando de no repetir errores ni sufrir engaños a lo largo y ancho de los caminos de la vida.

Rafael Antonio y Jorge: amigos incondicionales, recios, ariscos, solidarios, prácticos, astutos, apoyados en la experiencia y el sentido común, el menos común de los sentidos: hay cicatrices que enseñan más que mil advertencias, reincidir es decidir llorando lagrimas de sangre. Conversaban sobre política, gallos y boxeo que, según ellos, “era la misma vaina”. Analizaban, sin prisa ni pausa, aconteceres mundiales, nacionales y locales, desde el púlpito de sus mecedoras momposinas, viernes por la tarde-madrugada del lunes.

Hijos y nietos guardamos en la memoria aquella reciedumbre heredada de ancestros vascos / Castilla. Punto de encuentro, terraza de don Jorge, dejando fluir abrazos, melodías inmortales de Toña La Negra y Rafael Escalona, dando rienda suelta a historias y anécdotas, indispensables para sobrellevar la vida sin derrumbarse recordando personas y situaciones repetitivas de amigos que faltaron a la palabra empeñada, abusando de la generosidad ofrecida a manos llenas: “Caer de nuevo en el error, es perpetuar la torpeza: hay cicatrices que enseñan más que la palabra. El ser humano, único animal capaz de tropezar varias veces con la misma piedra”.

En época de avivatos, judas y camaleones, viene bien rememorar ese dúo que jamás tragó entero apropiándose de la sentencia premonitoria del inmolado presidente John F Kennedy: “Perdona a tu enemigo, pero jamás olvides su rostro”, síntesis dolorosa de la ‘Duda Metódica’ de René Descartes, sustentada en experiencias, enfoque crítico, sistemático, filtro de falsedades para no dejarse llevar por los sentimientos”.

La última vez que los vi juntos aconsejaban a la vecina que no pudo recuperar el dinero prestado a un familiar desvergonzado. Don Jorge Garzón, con certeza de jurisconsulto graduado con honores en el Harvard de la vida, recomendó: “En asunto de dineros no hagas negocio con amigos ni familiares, pierdes amistad y dinero”. Remachó aquel consejo con la anécdota contada por don Jorge Román García, sobrino nieto de doña Soledad Román de Núñez: “En Cartagena existió controversial y multimillonario personaje a quien preguntaron si no sentía miedo de caminar solitario, a cualquier hora y lugar, respondiendo sin titubeos: ‘¡Jamás! porque no hago favores a nadie’”.

¿Quién lo duda? Reincidir es decidir, experiencia ignorada convertida en destino, la memoria del dolor suele ser infalible maestro y la terquedad, el peor consejero.

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