En la obra de Sófocles, Edipo huye de Corintios para evitar que se cumpliera la profecía que anunciaba que mataría a su padre; circunstancialmente, en el camino mata a Layo sin saber quién es. Tiempo después, convertido en rey de Tebas y casado con la viuda Yocasta -su madre biológica- una peste asola al reino, y para mitigarla Creonte, enviado por el oráculo, lo impulsa a investigar la muerte de Layo. Edipo, decidido a encontrar al culpable, interroga a los testigos hasta que las piezas encajan: el anciano que mató en el camino era su verdadero padre, y descubre que él mismo es el asesino. Como autocastigo, Edipo se saca los ojos y Yocasta se suicida.
En “Crimen y castigo”, Fiador Dostoievski construye la trama de su novela como un prolongado tránsito entre el crimen y la culpa, donde la justicia humana tarda en actuar y permite que el protagonista viva temporalmente en la impunidad. Raskólnikov asesina a una usurera -y también a la hermana- convencido de que ciertos hombres extraordinarios pueden transgredir la ley si su propósito es superior.
Tras el crimen, la policía carece de pruebas sólidas y, aunque algunos investigadores sospechan de él, la maquinaria judicial se muestra torpe, lenta y fácilmente manipulable. Durante semanas, Raskólnikov se desplaza libremente por San Petersburgo, protegido por la falta de testigos y por un sistema incapaz de atar cabos.
Cuando finalmente se entrega, la justicia lo condena a una pena relativamente baja, un castigo que parece desproporcionado frente a la gravedad del doble asesinato. Así, la obra muestra que la impunidad del criminal no es solo jurídica, Dostoievski convierte esa impunidad en un recurso narrativo para explorar la psicología del crimen, la fragilidad de la ley y la compleja relación entre culpa, libertad y redención. Parece que para inspirarse Dostoievski hubiese viajado en el tiempo y vivido en la Colombia de hoy.
Aquí son muchos los crímenes que quedan sin castigo, elemento que constituye un estímulo perverso para que los criminales se atrevan cada vez más a realizar actos brutales y atroces, porque están convencidos de que la mayoría de ellos quedarán impunes, o que si los condenan, los sitios de reclusión, más que instrumentos de castigo, son parte del mismo andamiaje criminal y de corrupción, en los que se goza y se negocia.
Grave, muy grave, la denuncia del expresidente Uribe: ha dicho que recibió un anónimo de un particular -quien dice temer por su vida- afirmando que el gobernador de Nariño, desde la ciudad de Manta, presuntamente habría financiado el asesinato de Miguel Uribe. El gobernador se ha defendido negando los cargos. En el ideario popular Manta sigue siendo un epicentro asociado a este reprobable crimen.
*Psiquiatra.

