La visita del rey Carlos III y la reina Camila a Washington tendrá capítulo especial en la historia. Donald y Melania estuvieron espléndidos con el protocolo. Melania exhibía un bello sombrero cordobés color beige diseñado por Eric Javits, tan espectacular como el azul que le vimos en la posesión de Donald. El de Camila, más geométrico y de volumen generoso. Siempre he dicho que los sombreros tienen lenguaje propio y expresan el primer mensaje de un encuentro. Los discursos del rey incluían finas notas de humor a medida que profundizaba sobre temas de Estado. Se refirió a recientes palabras pronunciadas por Donald cuando recordó que, gracias a Estados Unidos, los europeos no hablaban alemán y hasta un poco de japonés. Desde el atril el rey anotó: “Pero además ustedes, si no es por nosotros, estarían hablando francés”. Apunte que arrancó risas y aplausos. Conocí a Carlos en Guyana en el año 2000 siendo príncipe de Gales. Su fundación ayudaba a jóvenes emprendedores. Me pareció buen programa para Cartagena. Su amabilidad favoreció mi solicitud y no tardó en enviar a Richard Street a esta ciudad. Don Alberto Araújo y Pablo Gabriel Obregón se encargaron de recibirlo. Muy exitosa resultó esta iniciativa. Seducido por las antiguas colonias inglesas en el Caribe, Carlos disfruta visitándolas. Es admirador de Bob Marley y su canción preferida es “Could you be loved”. En sus viajes oficiales a África, Carlos y Camila han bailado sonoros toques de tambores. Igual lo hizo, en 1961, la reina Isabel II, madre de Carlos, en su viaje a Ghana. Nadie conocía la destreza oculta de la reina. Mi experiencia con la familia real ha sido extraordinaria. Teniendo tan solo 12 años conocí al duque Felipe de Edimburgo. Llegó al Club de Pesca en lancha de la Armada y no pudo evitar acercarse a la hermosa rubia de sombrero marinero. Era nuestra Marilyn Monroe, quien jugaba cartas con Susana de Morales y otras señoras del barrio. El almirante Porto Herrera se la presentó y enseguida descubrió el aroma de su perfume en una sutil exploración de su prominente nariz aristocrática. ¡Pero si es Diorisimo de Cristian Dior, el preferido de Isabel!, exclamó. Al rato partió al aeropuerto y voló a los brazos de su amada reina. Yo tengo obsesión con el sombrero de Melania, una pieza que esconde sus ojos y reserva sus besos para Donald. Camila no se complica por besos y prefiere mirar al rey con un solo ojo.
Cuando Marilyn -en el 62- despidió a Felipe, dejó el Pastelillo perfumado y con su sombrero marinero ratificó la imagen poderosa de las mujeres bellas de Manga.
