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Columna

Búsqueda de lo esencial

“Vivir la fe en comunidad es el desafío de esta hora de tanto individualismo desbordado...”.

Ignacio Antonio Madera Vargas

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Los primeros seguidores de Jesús, una vez tomaron conciencia de su presencia resucitada y de ser portadores de la acción del Espíritu Santo, uno con Jesús y el Padre, se constituyeron en comunidades cuyo ideal de vida se señala en Hechos de los Apóstoles juntamente con sus dificultades y contratiempos, ante la original novedad que se predicaba y vivía, perfilándose un claro contraste de novedad con relación al judaísmo tradicional. Se van caracterizando los “seguidores del camino” -primer nombre que recibieron- antes de denominarse cristianos y asumirse en su identidad de nuevo pueblo de Dios, enviado a predicar a Jesucristo y su propuesta del Reino de Dios.

La Iglesia primera durante más de tres siglos fue de la casa, de los hogares y de la hospitalidad generosa viviendo comunitariamente el recuerdo de los dichos y hechos de Jesús, la oración, la fracción del pan (Eucaristía) y el compartir de los bienes, porque entre ellos nadie pasaba necesidad, nos dice igualmente Hechos de los Apóstoles (Hechos 4, 32-37).

El pasado encuentro de Pequeñas Comunidades realizado en el Centro de Convenciones reunió un poco más de mil quinientas personas, según se nos informó, amén de las que seguían el evento por las redes sociales. Podemos decir que la Iglesia de Cartagena de Indias evidenció el reto de una evangelización que se centre en la casa, en el hogar, en la vecindad, en la visita, en la comunidad que curte la vida porque ayuda a conocerse y conocer la grandeza y la fragilidad que somos como humanos. Vivir la fe en comunidad es el desafío de esta hora de tanto individualismo desbordado y tanta dispersión por las nuevas alienaciones que llevan al desvío del sentido de lo humano.

Pero la atención y el impulso de pequeñas comunidades conlleva un desafío pastoral sugestivo y urgente, como es el tránsito del templo al hogar, del individualismo a la comunión, de la ignorancia religiosa a la sólida formación en la fe, del clericalismo a la igualdad fundamental como bautizados, de ceremoniales y rituales de fasto a la celebración que interroga la vida y compromete con la necesidad de vivir la comunión, a imagen de la Santa Trinidad.

Unidos en la diversidad, testigos de la resurrección y de la acción del Espíritu que ordena todo caos en las incertidumbres y confusiones de la vida. Bello desafío para nuestra Iglesia, que incita a la urgencia de formar animadores de pequeñas comunidades en una seria teología centrada en el Vaticano II y el magisterio de los últimos papas. La propuesta de una iglesia sinodal para el siglo XXI señala claramente hacia este seguir colocando el corazón de la acción evangelizadora en la consolidación de muchas pequeñas comunidades que realicen parte de los ideales de aquellas primeras que se transformaron en alegres y joviales servidoras del Reino. Bello desafío de esas búsquedas de lo esencial.

Teólogo salvatoriano.

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