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Columna

Vendedores de odio: Sheinbaum y Ayuso

“Sinceramente creo que no merece la pena entrar en el oscuro juego del odio que nos ofrecen estas dos políticas irresponsables…”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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De cara a reflexionar sobre las ya inminentes elecciones presidenciales de este año, me gustaría retomar mi columna de la semana pasada que trataba de las disputas acerca del origen de México y su relación con España, que han mantenido la presidenta mejicana, Sheinbaum, y la presidenta de la región de Madrid, Ayuso. Sinceramente creo que no merece la pena entrar en el oscuro juego del odio que nos ofrecen estas dos políticas irresponsables y debatir acerca de quien tiene razón, porque, en ocasiones, aunque se tenga la razón, tener la razón no sirve de nada.

Lo que me gustaría plantearles es que, en unos quince días, cuando vayan a votar, piensen lo siguiente: ¿qué me está ofreciendo el candidato al que me dispongo a votar? ¿Me ofrece un proyecto de futuro esperanzador, racional y honesto? Si la respuesta es sí, adelante, mi consejo es que le voten. Ahora bien, si lo que el candidato les ofrece es lo que han ofrecido últimamente estas dos señoras, esto es, odio, enfrentamiento y polarización, háganme un favor y piénsenselo dos veces. No digamos si es populismo, si es algo de derechas, o si es de izquierdas. No necesitamos complicarnos tanto como para tener que meternos en teoría política y, desde luego, ya les digo yo que no es nada que dependa de las ideologías tradicionales. En realidad, es muy sencillo: alguien que juega con nuestras más bajas pasiones, que trata de hacernos odiar al prójimo, que nos señala al enemigo y que estimula los peores sentimientos, para así tratar de dividir la sociedad en dos grupos identificándose él o ella con uno, amalgamando el voto alrededor suyo, no es que no sea un buen político, es que ni siquiera es una buena persona. Y hay que decirlo con todas las letras.

Ni Ayuso ni Sheinbaum son tan tontas como para no saber lo que hacen. Saben a qué juegan y desprecian voluntariamente los riesgos que generan para la buena convivencia de sus sociedades. Eso no es de mal político. Eso es de mala persona. ¿Verdad que en Colombia no son solo uno o dos los candidatos que actúan de un modo similar? Pues allá ustedes si deciden votar a alguien que con sus actos les está diciendo que es un mal tipo. Ya lo dijo Russell: siempre elegir los hechos sobre las creencias, siempre elegir el amor sobre el odio. No es tan difícil. No se dejen engañar. No es cierto que los políticos deban ser listos y malos. Los políticos deben ser buenas personas, por encima de todo. Y cuando eso se olvida, es que se ha olvidado qué es la democracia.

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