En Colombia solemos hablar de encuestas como si las elecciones estuvieran decididas antes de abrir las urnas. Pero el problema más serio no está solo en quién encabeza una medición, sino en cuántos ciudadanos deciden quedarse en la casa mientras otros escogen por ellos.
En la primera vuelta presidencial de 2022 votó el 54,91 % de los ciudadanos habilitados. En la segunda vuelta, cuando se definió la Presidencia, la participación subió al 58,17 %. Fue la más alta desde 1998, pero aun así más de cuatro de cada diez colombianos no votaron. Esa cifra debería inquietarnos: una democracia puede tener urnas abiertas y, al mismo tiempo, mayorías silenciosas que renuncian a hacerse contar.
El abstencionismo no es neutral. Quien no vota también produce un resultado. No aparece en la foto de los vencedores, no celebra en la plaza pública ni firma un programa de gobierno, pero su ausencia pesa. Cada ciudadano que se abstiene reduce el tamaño real de la decisión colectiva y aumenta el poder de los sectores más organizados, disciplinados y movilizados.
A ese riesgo se suma otro: la fragmentación. La elección de 2022 dejó una lección evidente. El voto contrario al proyecto del Pacto Histórico era amplio, pero llegó dividido a la primera vuelta. Mientras unos votaban por convicción, otros por rechazo y muchos por cálculo, una candidatura con base organizada logró llegar con ventaja a la segunda vuelta.
Esa combinación —abstención y división— puede repetirse. Si quienes quieren un cambio de rumbo se dispersan entre varias candidaturas o deciden no votar porque ningún candidato les parece perfecto, terminarán facilitando el triunfo de quienes sí entienden que la política se gana con organización, estrategia y votos reales, no con conversaciones de sobremesa ni indignación en redes sociales.
Faltando pocos días para las elecciones, la pregunta no debería ser solo quién nos gusta más, sino quién tiene una opción real de pasar a segunda vuelta y derrotar al proyecto que se quiere frenar. Votar estratégicamente no es renunciar a las convicciones; es entender el momento político y actuar con responsabilidad democrática. También es impedir que otros decidan por nosotros.
Se le atribuye a Yves Montand la siguiente frase: “Aunque usted no se ocupe de la política, la política se ocupará de usted”. Colombia debería tenerla presente. Porque, cuando los ciudadanos se abstienen o dividen su voto sin estrategia, no castigan al sistema, sino que se castigan a sí mismos.

