Caminar por Cartagena es respirar una historia que se cuenta en un corralito de piedra, pero que se vive en la piel de su gente. Este 1 de junio, nuestra Heroica cumple 493 años. Casi cinco siglos de un relato fascinante donde el mundo entero ha confluido en nuestra bahía. Sin embargo, por generaciones, la narrativa que nos ha definido como sociedad ha estado anclada en una palabra: resistencia. Resistimos a los asedios piratas, a las exclusiones históricas y a las tormentas políticas. La resiliencia ha sido nuestro escudo, pero a las puertas de nuestro quinto centenario, la resistencia ya no es suficiente. Es hora de dar el salto evolutivo hacia la unión.
Cartagena no es solo un imán turístico o un puerto estratégico; es un ecosistema vivo de creatividad, talento y dignidad. Lo positivo de nuestra historia no está atrapado en las murallas; late en las barriadas que custodian el mapalé, en los jóvenes que hoy lideran la innovación social, en las mujeres que sostienen la economía popular y en un sector empresarial comprometido con el desarrollo sostenible. El verdadero patrimonio de Cartagena es su capital humano.
El gran desafío de nuestra era es suturar las grietas de la desigualdad para mirarnos de frente, sin distinciones ni resentimientos entre la ciudad amurallada y la ciudad de la barriada. Tenemos el potencial de consolidarnos como una “superciudad”: un referente global de sostenibilidad caribeña, donde la riqueza turística, industrial y portuaria se traduzca directamente en equidad social, educación de calidad y erradicación de la pobreza extrema.
Hoy soplamos vientos de cambio. Es justo y necesario reconocer el esfuerzo del gobierno actual, que viene haciendo muy bien su tarea, devolviéndole el rumbo institucional a la ciudad con gerencia, rigor y resultados palpables en el territorio. No obstante, el sector público no puede cargar solo con el destino de todos. Para avanzar con mayor solidez y velocidad, el Gobierno necesita un compromiso real, visible y sin titubeos de la ciudadanía, la academia y los diversos sectores productivos. La transformación no es un monólogo estatal; es una sinfonía colectiva.
Dejemos atrás el individualismo, las frases desgastadas de luchas que nos indican un conflicto hasta para conversar entre pensamientos diversos; asumamos la corresponsabilidad del futuro, conscientes de todos los retos que aún tenemos por delante. La Heroica del mañana se diseña hoy, respaldando lo que se está haciendo bien y sumando nuestro propio esfuerzo. Que estos 493 años sean el punto de inflexión donde decidimos abrazar la grandeza que nos corresponde. Cartageneros nacidos o por adopción, la historia nos convoca a dejar de ser testigos del pasado para convertirnos, juntos y articulados, en los arquitectos de la superciudad que todos soñamos y que reclama superciudadanos.
¡Feliz cumpleaños, corralito de piedra y de esperanza!
*Directora Ejecutiva Colectivo TRASO.
