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Columna

Cartagena se ahoga en tierra teniendo el mar

“Si seguimos ignorando el agua, seguimos ahogándonos en tierra, y eso ya es mala decisión y planeación”.

ANIANO MORALES BLANCO

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Cartagena de Indias es una ciudad que mira al Caribe, pero se mueve de espaldas a él. Mientras el parque automotor creció 56% la última década, la malla vial se quedó congelada en 2012. El resultado no sorprende: trancones que duran horas, buses llenos y una sensación colectiva de que moverse en la ciudad es perder el día. La crisis no es nueva, pero se ha vuelto invisible para muchos que la viven todos los días. Y ahí está el problema más profundo: el ciudadano común no alcanza a percibir que hay una crisis estructural. Se acostumbró. Salir una hora antes, aceptar el trancón, quejarse en la buseta y ya. Como el colapso no llega de golpe, sino en goteo, no genera alarma. No hay sentido de pertenencia ni de urgencia, porque la movilidad se vive como un malestar individual, no como un problema de ciudad que requiere solución colectiva.

El diagnóstico oficial habla de congestión, mal parqueo e invasión del carril de Transcaribe. Y tiene razón; pero se queda corto. Nadie menciona con la misma fuerza que Cartagena tiene una red natural de transporte que no usa: sus cuerpos de agua. La Ciénaga de la Virgen, los caños internos y el Canal del Dique podrían descongestionar Mamonal y Bocagrande si existiera una política seria de movilidad fluvial.

Lo que hay hoy es informalidad. Lanchas sin horarios, sin tarifas reguladas, sin muelles seguros. La gente de Tierra Bomba, Barú y Bocachica pierde dos o tres horas diarias en un trayecto que por agua debería tomar veinte minutos. Luego se monta a una buseta y entra al trancón terrestre. Es absurdo rodear el problema cuando la solución está literalmente bajo los pies.

Parte del problema es la falta de datos. No existe un censo confiable del transporte acuático en la ciudad. No sabemos cuántas personas se mueven al día, qué rutas usan ni en qué condiciones operan los muelles. Sin esa información, cualquier plan de movilidad se diseña a ciegas. Y cuando no hay datos, la respuesta fácil es “metámosle más busetas viejas”. Eso no soluciona nada cuando tienes menos vías y más carros cada año.

Cartagena Cómo Vamos y el DATT hacen un esfuerzo por medir lo medible, pero los estudios viven aislados. La propuesta es simple y urgente: crear un Observatorio Distrital de Movilidad Multimodal. Un espacio público, con datos abiertos, que junte a la Alcaldía, la academia y las comunidades. Que mapee el transporte terrestre y el acuático con la misma seriedad. Que muestre en tiempo real dónde está el trancón y dónde hay una ruta fluvial subutilizada. El problema de movilidad no se arregla con más buses en la misma calle ni ampliando calles que ya no caben. Si seguimos ignorando el agua y la falta de percepción ciudadana, seguiremos ahogándonos en tierra. Y eso ya no es mala suerte. Es mala decisión y planeación.

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