comscore
Columna

Regaño a padres de familia

“González de Langlard admitió la impracticable censura de películas y señaló con amargura la resistencia del público al buen componte...”.

Ricardo Chica Geliz

Compartir

Antonio González de Langlard presidía en los años 50 la Junta de Espectáculos Públicos del municipio de Cartagena; con el seudónimo de ‘Fulminante’, firmaba notas en la prensa donde profería regaños al público de cine por su mal comportamiento y su falta de observancia de las normas. Veamos algunos aspectos, en uno de sus textos:

“Recuerdo un caso curioso de un señor extranjero -quizás norteamericano- en el Teatro Colón. Yo me hallaba cerca de la portería y como la película estaba censurada para menores de 21 años, el empleado le hizo la advertencia de que no podían entrar los niños. Enojado, y energúmeno, tanto él, como su esposa increparon al portero con estas palabras:

- ‘¿Qué sabe usted de eso...?, si esta película la vimos todos nosotros en Estados Unidos y no tiene nada de particular’. - ‘Es que yo -contestó el pobre empleado- me limito a cumplir órdenes superiores’. - ‘Entonces -respondió el gringo- dígale al administrador que me saque con la Policía’. Ante esta amenaza el infeliz portero no tuvo más remedio que dejarlos pasar. Y este caso ocurre diariamente en todos los teatros de la localidad. Las madres son las inmediatas responsables de esta falta. Los porteros, cumpliendo instrucciones, se permiten hacerles la advertencia, pero -negocio es negocio- no van a entablar una polémica con cada una de las señoras que llevan a sus niños al teatro” (El Universal, 1 marzo de 1957)

‘Fulminante’ advierte los cambios en las prácticas de la crianza, las costumbres de las familias y la permisividad con que las madres exponían a sus hijos a los contenidos fílmicos censurados. Otras consideraciones del columnista, son las siguientes:

“No una, sino infinidad de ocasiones he sido testigo presencial de estos casos, y he intervenido, en forma amigable y cortés, para convencer a los padres de que no deben llevar a sus niños a ciertas películas ¿Y saben ustedes lo que responden?: - ‘¿Y con quién dejamos a los chicos en la casa? Ellos no comprenden nada, son criaturas inocentes...’. ¡Inocentes! Valiente argumento. No hay en la ciudad un niño inocente. Los papás son los primeros en proporcionarles distracciones reñidas con los más elementales principios de la ética (…) No hablo de memoria. He presenciado multitud de casos en Manga y sería aconsejable que los señores padres de familia tuvieran en cuenta -si acaso leen los periódicos- las tragedias que se derivan de este afán incontrolado de los jóvenes de la actual generación, que por robarse un carro asesinan una pareja de inocentes novios, en pleno corazón de París...” (Ibíd., pág. 4).

En su calidad de inspector general, González de Langlard admitió la impracticable censura de películas y señaló con amargura la resistencia del público al buen componte. Desconfiaba de la infancia y la juventud, y se resignó a regañar en prensa a los padres de familia.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News