Lo de la histórica Plaza de la Aduana para recibir al candidato Abelardo De la Espriella fue sencillamente apoteósico. Ni en tiempos de López Michelsen, ni en épocas de Luis Carlos Galán, cuando estaba en pleno esplendor, llenaron esta emblemática plaza cartagenera. El lleno era tal que no solo copó la Aduana, sino también la Plaza Pareja y la de los Coches.
Qué fervor, qué entusiasmo, cosa nunca vista. De la Espriella no es solo un muy buen candidato, sino que la campaña invita al entusiasmo, la publicidad es absolutamente agradable y exitosa, muy alegre, fuera de lugar, muy distinta de todo lo que conocíamos en este tema de campañas electorales.
El entusiasmo fue frenético, las camisetas amarillas de la selección de fútbol estaban por doquier, inevitable no usarlas por el extraordinario fervor nacional que crea el candidato y la Copa Mundo, donde Colombia terminará seguramente un papel muy importante. La música pegajosa y entusiasta que acompaña toda esa publicidad que parece un himno patriótico. Con estrofas que dicen: “Tigre de la patria, tigre de mi vida”, muy subliminal, que penetra el subconsciente de manera generosa.

La democracia después del balotaje
Yezid Carrillo De La RosaColombianos, cartageneros, caribeños, no descarten que nuestro equipo tal vez pueda ser campeón del mundo. La suerte está echada y los astros perfilan grandes y buenas cosas para nuestra nación. Como también cartageneros y caribeños hace más de 140 años no tenemos un presidente de nuestra región, y hoy con Abelardo se presenta esta oportunidad histórica de tenerlo para empezar el apoyo necesario de atender a las provincias como se lo merecen y equilibrar la balanza con respecto al riguroso centralismo andino. La política de Estado ha sido concentrada en esa región, tanto, que se dice que el país solo llega por el Sur hasta Anapoima y por el Norte con la Hacienda Hatogrande, en Sopó, Cundinamarca.
El último presidente, el inolvidable e inmarcesible Rafael Núñez. Ustedes no se imaginan lo útil que fue Núñez para la Costa Atlántica. Cartagena, sumida en la más grande ruina que dejó la gesta de Independencia, renació y se beneficia de su gestión. Núñez abrió nuestras fronteras comerciales, creando el tren Cartagena - Calamar. Núñez abrió el canal de Dique para tener, junto con Barranquilla, salida al río grande de la Magdalena, el río de la patria. Núñez rescató el sector inmobiliario y de la construcción cuando recuperó el destruido y decadente Centro Histórico, nuestra única área inmobiliaria para vivir en ese momento. Sin embargo, con visión vislumbró con otros líderes del momento la expansión de nuevas fronteras inmobiliarias en los barrios Manga, Rodríguez Torices, El Cabrero.
Cartageneros, caribeños, la suerte está echada y la oportunidad es única e histórica. Salgamos a votar masivamente, poniéndole la raya al Tigre.