Columna

Carta al presidente de la República

“Le deseo el mejor de los éxitos, pero, recuerde, por encima de usted está la Constitución y usted está donde está porque lo dijo el pueblo…”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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Estimado presidente, como colombiano adoptivo que le habla de más allá del océano, me gustaría felicitarle por su victoria y, a continuación, y si usted me lo permite, como profesor de Derecho Constitucional, quisiera atreverme a hacerle una serie de recordatorios que doy por hecho que usted tendrá muy presentes y que aceptará de buen grado, pues conocidas son sus credenciales tolerantes y pluralistas. Dice el art. 1 de la CPC que Colombia es un “Estado social de Derecho”. Nosotros en España añadimos a la expresión la palabra democrático: Estado social y democrático de Derecho. Si los fieles de una religión deben seguir los preceptos de su fe, los fieles de la democracia debemos seguir este precepto como si de un artículo de fe se tratase.

Colombia es social. Esto no es optativo. Uno no puede llegar a la conclusión de que tratar de conseguir el bienestar de las clases populares es una opción ideológica. No lo es. Es un mandato constitucional. Su deber es hacer todo lo que pueda por sacar a los pobres de su estado y mejorar la calidad de vida material de todos los ciudadanos. Consolidar las clases medias y hacer un Estado inclusivo que no solo no haga emigrar a los ciudadanos, sino que atraiga de vuelta a los que se fueron.

Colombia es democrática. Esto no supone solamente que mande el que fue elegido por los ciudadanos. Sino que, especialmente, implica que se debe respetar a la oposición (que, en su caso, señor presidente, es un poco menos de la mitad de toda Colombia) y que cualquier manifestación de poder del Estado debe tener legitimidad popular, es decir, debe hacerse de forma transparente y con el respaldo popular manifestado en los representantes del pueblo: los congresistas.

Colombia es un Estado (Constitucional) de Derecho. No se puede hacer nada en contra de la Constitución o ignorando la Constitución. Eso significa que hay que obedecer a la Corte Constitucional y a los tribunales de justicia como si lo que dijesen fuese palabra de Dios, señor presidente. Tampoco se puede pretender gobernar por decreto. El Congreso es el único que puede aprobar las leyes. Leyes que deben ser obedecidas por todos, especialmente por quienes detentan el poder. Señor presidente, usted ha ganado y tiene pleno derecho a llevar adelante su programa político. Le deseo el mejor de los éxitos, pero, recuerde, por encima de usted está la Constitución y usted está donde está porque lo dijo el pueblo, sí, pero, antes de nada, porque lo regula la Constitución. No lo olvide.

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