La reciente encíclica Magnífica Humanitas del papa León XIV llega en un momento decisivo para la humanidad. La inteligencia artificial ya no es una realidad distante: está transformando la educación, el trabajo, la salud, las empresas y la forma en que nos relacionamos. Se plantea la pregunta: ¿la tecnología está al servicio de la persona humana o la persona está siendo puesta al servicio de la tecnología?
Nuestra región avanza en una transformación impulsada por el turismo, la industria, la logística portuaria, la economía digital y la innovación. Sin embargo, persisten profundas brechas sociales que obligan a preguntarnos si el progreso está llegando realmente a todos los ciudadanos.
Según datos recientes, el 41,1% de los cartageneros vive en condición de pobreza monetaria, lo que representa cerca de 390.000 personas. Aunque hubo una leve mejoría frente al año anterior, la cifra sigue siendo una de las más altas entre las principales ciudades del país. A ello se suma que en Bolívar la pobreza multidimensional alcanza el 17%, reflejando desigualdades persistentes en educación, empleo, salud, vivienda y acceso a servicios básicos.
León XIV recuerda que el desarrollo auténtico no puede medirse únicamente por el crecimiento económico ni por los avances tecnológicos. El verdadero progreso ocurre cuando aumenta la dignidad humana y se amplían las oportunidades. Puede mejorar la movilidad, optimizar los servicios públicos, fortalecer la educación, apoyar la planificación territorial y aumentar la competitividad empresarial. La tecnología pierde sentido cuando profundiza las desigualdades o deja atrás a quienes más necesitan oportunidades.
La primera aplicación de esta encíclica en nuestro territorio consiste en poner a la persona en el centro de toda estrategia de desarrollo. Cada proyecto de innovación debería responder una pregunta esencial: ¿cómo mejora la vida de los ciudadanos?
La segunda aplicación es la educación. No basta con enseñar competencias digitales; es necesario formar ciudadanos con pensamiento crítico, principios éticos y capacidad de liderazgo para que la inteligencia artificial complemente el talento humano y no lo sustituya.
La tercera aplicación es la construcción de acuerdos colectivos. Cartagena y Bolívar han impulsado un plan de competitividad al 2040 basada en la articulación entre Estado, empresa, academia y sociedad civil. Más de 500 actores participaron en la construcción de esta hoja de ruta regional, demostrando que el desarrollo requiere consensos y propósitos compartidos.
El futuro de Cartagena-Región no dependerá únicamente de qué tan avanzadas sean sus tecnologías, sino de qué tan humana sea su capacidad para incluir, servir y generar esperanza. Construir una competitividad que no deje a nadie atrás. Porque el desarrollo será verdaderamente grande cuando la innovación avance al mismo ritmo que la dignidad humana.

