En Colombia, el 7 de agosto se celebra la Batalla de Boyacá, el enfrentamiento decisivo donde el ejército libertador de Simón Bolívar venció a las tropas realistas españolas. Este año, lo celebramos con la Posesión de Abelardo De La Espriella como presidente del país. ‘El Tigre’ representa la liberación del gobierno más corrupto e incompetente de la historia. Aunque millones de personas no lo reconocen y aplauden inexplicablemente la ejecución de Gustavo Petro, la mayoría de los compatriotas votó por la “derecha” en términos políticos.
Sin embargo, el cambio está por verse..., la casa queda tan rota y las arcas tan vacías que no será fácil poner las cosas en orden. Son muchas las personas que trabajan en la Casa de Nariño y en el Dapre. Allí ni siquiera hay una cifra pública de los empleados fijos debido a la constante rotación de personal de libre nombramiento, asesores, contratistas y prestadores de servicios (algunos en carrera administrativa), que vendrán con las malas mañas del pasado y que vienen sacándose los trapos al aire. Identificarlos será el principio de una labor titánica, moverlos será otro rollo. Esta situación se repetirá en cada ministerio y en cada dependencia donde la mala yerba de las coimas y la corrupción ha crecido sin control los últimos 4 años. La tradicional lambonería y la hipocresía de los empleados públicos sacarán su más fina mano para quedarse atornillados en sus puestos y ser parte del nuevo gobierno.
Al vislumbrarse el fin del este mandato lleno de ratas, prostitutas, drogas, alcohol y todo los excesos posibles, los implicados empiezan a hablar para protegerse. Se acusan y salen a la luz pública los contratos de las Guerrero, Gabriela Muñoz, Laura Sarabia y como si fuera poco... Verónica Alcocer. Las primeras, unas niñitas con pinta de haber trabajado en ‘Sin tetas no hay paraíso’, pero con una ambición más grande que las prótesis mamarias que muestran. La última, será recordada por ser la primera ‘Primera Dama’ que se destacó por su presunto modo de fiestear, de beber, sus amoríos extramatrimoniales, su manejo del poder y el derroche de los dineros de los colombianos mientras vivía y rumbeaba en las grandes capitales europeas. Es imposible no pensar en el triste legado que deja sin compararla con personajes como Nidia Quintero de Balcazar, quien dio vida a la Fundación Solidaridad por Colombia, que por décadas ha apoyado a familias vulnerables. O, Cecilia de Lleras, quien dejó como ofrenda la creación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Al igual que ellas, otras esposas presidenciales que lideraron programas para la niñez y serán recordadas por haber dejado un legado social duradero.
Nunca habíamos recibido un gobierno así. Se necesitará mucho desinfectante, agua bendita y chamanes para limpiar la casa de la podredumbre y construir la Patria Milagro. Los primeros días serán vitales y las buenas alianzas marcarán la diferencia. Recemos para que lo logre.
