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Editorial

Desempleo en Cartagena

“Cartagena necesita una política de desarrollo económico de largo plazo que devuelva la dinamización al mercado laboral e incremente oportunidades dignas para sus habitantes”.

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Conforme a las recientes cifras del DANE para el trimestre mayo - julio de 2026, la ciudad registró el mayor incremento de desempleo en todo el país, al saltar del 9,9% en 2025 al 13,6% en 2026.

Con 64 mil personas desocupadas y la pérdida neta de más de 11 mil empleos en el último año, Cartagena se posiciona con la segunda tasa de desempleo más alta de Colombia -solo superada por Quibdó-, el peor indicador de la Región Caribe, superando ampliamente a capitales vecinas como Barranquilla (8,6%) o Santa Marta (8,9%).

La situación adquiere visos de crisis al analizar el desempleo juvenil, que escaló 4,7 puntos porcentuales hasta alcanzar un dramático 25,4%. Uno de cada cuatro jóvenes cartageneros en búsqueda de oportunidades laborales se encuentra marginado del mercado, una realidad que compromete la movilidad social de la ciudad.

Un análisis riguroso de la dinámica laboral desmonta explicaciones superficiales. Como recientemente advirtió la directora de Cartagena Cómo Vamos, Eliana Salas Barón, el aumento del desempleo no responde a un flujo masivo de personas buscando trabajo por primera vez (la tasa de participación se mantuvo estable en el 63%), sino a la contracción directa de la capacidad de absorción del aparato productivo. La tasa de ocupación cayó del 56,9% al 54,7%, mostrando que hoy simplemente hay menos puestos de trabajo disponibles.

De igual forma, la leve reducción de la informalidad (que pasó del 48,7% al 48,1%) no constituye una victoria celebrable. A diferencia de las dinámicas en otras ciudades capitales del país, este descenso no obedece a una vigorosa formalización laboral, sino al paso de personas que abandonaron la informalidad para caer directamente en la desocupación. En una urbe con niveles de pobreza monetaria que alcanzan el 34,6%, la pérdida neta de ocupados profundiza la vulnerabilidad de cientos de hogares.

Esta coyuntura exige pasar de la preocupación a la acción coordinada. La Heroica no puede limitarse a reaccionar ante los boletines estadísticos; requiere una conversación estratégica entre el sector público, la empresa privada y la academia, para anticipar la demanda laboral del futuro. Es urgente definir una hoja de ruta para la atracción de inversiones, la pertinencia de la formación técnica y superior con las necesidades de los sectores portuario, industrial y turístico, y la creación de incentivos reales para el emprendimiento sostenible. Sentarse con las universidades es apenas elemental.

Garantizar condiciones para la generación de empleo formal no es únicamente un asunto de métricas macroeconómicas; es la herramienta más efectiva para combatir la pobreza y construir equidad en el territorio.

Cartagena necesita una política de desarrollo económico de largo plazo que devuelva la dinamización al mercado laboral e incremente oportunidades dignas para sus habitantes.

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