Llegué a las 6:30 de la mañana al ‘cuarto frío’, donde nos reunimos varios amigos a conversar, tomar café cerrero y, si apetece, comer uno que otro frito en el puesto de Víctor, el hombre tumba: lo que escucha, sale de su boca amplificado, libre comunicación al viento. Ya había caminado los 3 kilómetros que hago a diario, y sudado lo necesario para arribar a la tertulia. Como de costumbre, estaban Ado, Moncho y Víctor. La silla de Mañe seguía vacía. Una descomposición cardíaca obligó a practicarle cateterismo. Su hijo Lucas nos dio el reconfortante informe del día: está listo para pasarlo a cuidados intermedios.
Sentado entre Moncho y Ado estaba alguien desconocido. Hablaba con mucha soltura y de repente escuchó mi nombre y apellido. “Oye, viejo Edua -dijo-, ¿no te acuerdas de mí?” De inmediato trajo al presente los tiempos en que, junto a Carlos Mouthon, Fernando Marimón, Fredy Sierra, Eduardo Franco y yo, ejercíamos la bohemia con un ardor que limitaba con lo imposible. Claro que era él. El mismísimo Vladimiro Ballestas, dueño de una memoria fotográfica sin igual. Todo lo recordaba. Llamé a Mouthón y el reencuentro virtual fue altamente refrescante. Para redondear, reviví la invitación, extendida a Vlacho, para que Mouthon venga con consorte a saborear un mote de queso a mí morada. De repente Robert Olave llegó al ‘cuarto frío’, y entonces me enteré: es sobrino de Mouthón, y cuñado del Vlacho. De verdad que el mundo es como un pañuelo: chiquitico. Todo está a la vuelta de la esquina. Y uno ni se entera.
Siguiendo con estos momentos de placer, ayer asistí a uno inolvidable: el intercambio de saberes entre dos expertas de cocina de la mesa de fritos: Sonia Mena, matrona de matronas, de Cartagena, y Beatriz Blanquicet, la famosa Pily, turbaquera. Fueron invitadas por la Secretaría de Cultura de Turbaco al Taller de Salvaguarda de los Fritos Tradicionales del Caribe Colombiano, realizado bajo la coordinación de la asesora cultural de dicha Secretaría, Mildred Figueroa Pastrana, y el incansable y comprometido equipo de esta entidad. Allí el historiador Javier Alcalá hizo emotivo recuento de lo que ha representado el frito para nuestra cultura. Sonia y Pily expusieron sus saberes acumulados a lo largo de muchos años, ante un público expectante. Después, prepararon sus delicias: arepa de huevo, cara sucia, empanadas, buñuelos para disfrute de los asistentes. La chicha de maíz fue reina. La moderadora, Patricia González, insuperable. La secretaria de Cultura, Eliana Zúñiga, agradeció a nombre suyo y de la alcaldesa Claudia Espinosa. ¡Que se repita!, decía el público.
