comscore
Columna

Experiencias de mujeres migrantes cuidadoras

Las mujeres migrantes también necesitan ser cuidadas. Necesitan acceso a salud, protección social, empleo formal, reunificación familiar, redes de apoyo y condiciones de vida digna.

Margarita Martínez Osorio

Compartir

Marie nació en Haití. En 2004, tras sobrevivir a un ataque de grupos criminales, migró a Venezuela, donde vivió 12 años. Con la llegada de la crisis económica y al sufrir discriminación, decidió migrar nuevamente. En medio de la pandemia y con seis meses de embarazo, Marie atravesó la trocha y se asentó con dos de sus hijos en Colombia. En Venezuela, dejó a su hijo de 13 años al cuidado de su abuela paterna, esperando tener estabilidad económica para traerlo a vivir con ella.

La rutina de Marie refleja los retos de ser mujer, migrante y cuidadora. Diariamente, se levanta temprano a cocinar, alistar a sus hijos y organizar la casa. Trabaja como cocinera de lunes a domingo para poder cubrir las necesidades de su familia en Colombia y Venezuela. Su principal lucha es por tener papeles que le permitan regularizar su situación en Colombia. A pesar de haber sido reconocida como refugiada, se encuentra atrapada en un limbo burocrático que le impide obtener su cédula de extranjería. Sin este documento, no puede acceder a servicios de salud ni aspirar a un trabajo formal que le permita pasar más tiempo con sus hijos, estabilizar su vida y tener tiempos de descanso. Como Marie, muchas mujeres migrantes en Colombia cuidan y trabajan sin pausa, con costos muy altos para su salud mental y física.

En la reciente publicación de Dejusticia, “Queremos vivir, migrar y cuidar en libertad”, mostramos cómo el trabajo de cuidados atraviesa la trayectoria de migración de las mujeres. La falta de redes de apoyo, instituciones y servicios que permitan cuidar dignamente es una de las razones por las que las mujeres migran; los cuidados se prestan en condiciones de riesgo y precariedad durante el tránsito migratorio; y las responsabilidades de cuidados aumentan en las comunidades de destino debido a la falta de redes de apoyo familiares e institucionales. La sobrecarga de cuidado que enfrentan las mujeres migrantes tiene graves impactos en sus proyectos de vida y su salud mental y física. Muchas no cuentan con el tiempo para dedicarse a actividades diferentes al cuidado, sufren de duelo migratorio extremo y de síndrome del quemado. Esto impacta sus posibilidades reales de integración en las comunidades a las que llegan.

Las mujeres migrantes también necesitan ser cuidadas. Necesitan acceso a salud, protección social, empleo formal, reunificación familiar, redes de apoyo y condiciones de vida digna. Las políticas de gobernanza migratoria y la infraestructura del cuidado deben articularse y atender sus necesidades particulares. Un paso clave es que el Estado colombiano les garantice a las mujeres migrantes cuidadoras vías permanentes para regularizar su estatus migratorio y acceso a derechos básicos para que puedan cuidar y vivir dignamente.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News