Una de las características de los habitantes del Caribe es su espontaneidad, lo bucólico y el apego a lo que nos identifica; por eso, cuando uno de los nuestros se destaca en el arte, en la política o en las ciencias, pretendemos que se haga famoso viviendo en su tierra, algo que por supuesto es imposible si su fama se vuelve universal. Eso le sucedió al reconocido músico Adolfo Mejía Navarro, nacido en Sincé, Bolívar, hoy Sucre, el 5 de febrero de 1905, quien parte de su tierra natal a la edad de 11 años hacia Cartagena, con beca en mano para estudiar música, allí encuentra el terreno abonado que necesitaba para desarrollar su talento innato en ese arte y se vuelve famoso. Cómo lo dice otro de sus biógrafos en el libro ‘Adolfo Mejía: viajero de sí mismo’, del profesor Enrique Muñoz Vélez: “Mejía es un personaje novelesco. Su vida y, sobre todo, su obra, nos lleva a conocer lo mejor de un hombre universal nacido en el Caribe”.
Por ese ser iconoclasta que somos los del Caribe, en Sincé su tierra natal, a pesar de ser el más grande entre los grandes hombres que ha dado esta tierra, se ha fijado en parte del imaginario colectivo que Mejía negó que hubiera nacido en Sincé, cosa que está demostrada que no fue cierto, la prueba es este soneto de su autoría: “No he venido aquí de mago/ Aunque he venido de farra/ No toco más la guitarra/ No soy de Santa Lucía/ Tampoco soy de Ibagué/ Soy un mozo de Sincé/ Me llaman Adolfo Mejía”. En otra ocasión alguien le preguntó de dónde era y él respondió: “Soy sinceano de nacimiento”, frase que dio origen al porro que mejor destaca la identidad sinceana, llamado precisamente ‘Soy sinceano’, de la autoría de Fernando Iriarte Navarro, uno de sus amigos y más fieles seguidores.
Pues bien, para materializar ese imaginario negativo, uno de nuestros habitantes poseído por los efectos del licor, cuando regresaba para su casa a las 11 de la noche, al pasar frente al busto en bronce de Adolfo Mejía empotrado en el Parque Principal, al recordar esos imaginarios empezó a pelear con el busto soltando todo tipo de improperios, entre ellos que había sido un mal hijo, que quien negaba a su tierra era capaz de negar a su madre y se marchó, había dado unos cuantos pasos y recordó que olvidó decirle algo más, regresó y a la vez que descargaba una fuerte cachetada sobre el rostro del busto le dijo: ¡Y para completar eras liberal¡, ahora sí satisfecho siguió su camino; en la mañana siguiente al verse sus dedos muy inflamados y adoloridos, habría de recordar que había peleado con Adolfo Mejía. Mejía murió en Cartagena el 6 de julio de 1970.
