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Columna

La distancia también es una barrera empresarial

“La situación de Santa Rosa de Lima se repite en muchos municipios del país donde emprendedores construyen economía con esfuerzo propio...”.

Andrea Piña Gómez

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En Colombia hablamos con frecuencia de emprendimiento, formalización y crecimiento empresarial; sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar las condiciones en que miles de pequeños negocios intentan sostenerse lejos de los principales centros urbanos.

En esos territorios no falta iniciativa. Lo que muchas veces falta es cercanía: de los servicios, del financiamiento, de la información, de la formación y de las instituciones capaces de acompañar al empresario en sus decisiones.

El Censo Empresarial de Santa Rosa de Lima 2025 ofrece una radiografía que debería llamar nuestra atención. En el municipio identificamos 972 unidades productivas activas. El 69,1% está liderado por mujeres, cifra que revela su papel fundamental en la economía local, el sostenimiento de los hogares y la vida de la comunidad.

Pero detrás de esa capacidad empresarial también existen profundas fragilidades. El 83,5% de los negocios registra ventas mensuales inferiores a 1 millón de pesos y nueve de cada diez funciona únicamente con el trabajo de su propietario. Son unidades productivas que generan ingresos, sostienen familias y mueven la economía municipal, pero disponen de muy poco margen para invertir, contratar, innovar o enfrentar una emergencia.

La informalidad profundiza esa vulnerabilidad. Apenas el 8,3% cuenta con Registro Mercantil vigente y cerca de tres cuartas partes no lleva ningún tipo de contabilidad formal. Esto no debe interpretarse como una falta de voluntad de los empresarios; es, ante todo, una señal de las barreras que enfrentan para acceder a conocimiento, orientación y oportunidades que les permitan organizar y fortalecer sus negocios.

Formalizarse no puede significar únicamente cumplir un trámite. Debe convertirse en una puerta hacia la seguridad jurídica, la financiación, los mercados, la contratación, la formación y nuevas relaciones comerciales. Cuando esos beneficios no son visibles o permanecen demasiado lejos, la formalización pierde sentido frente a las urgencias diarias.

El acceso al crédito muestra otra dimensión del problema. El 87,6% de los empresarios censados nunca ha solicitado financiación, principalmente por temor a los intereses o porque considera que no cumple los requisitos. Entre quienes sí acceden a recursos, más de la mitad recurre a prestamistas informales.

Un pequeño negocio sin ahorro, sin registros financieros y sin acceso al sistema formal de crédito queda expuesto a decisiones que pueden reducir todavía más sus posibilidades de crecer. Por eso, la inclusión financiera no empieza con la oferta de un préstamo; comienza con educación, confianza, organización administrativa y productos adaptados a la realidad de la economía popular.

La situación de Santa Rosa de Lima no es excepcional. Se repite en numerosos municipios del país donde comerciantes, emprendedores y productores construyen economía con esfuerzo propio, pero permanecen lejos de las herramientas institucionales que podrían fortalecerlos.

El desarrollo productivo de Colombia no se alcanzará únicamente impulsando grandes empresas o atrayendo nuevas inversiones; también dependerá de nuestra capacidad para acompañar a los pequeños negocios que sostienen buena parte de la actividad económica local y que todavía luchan por superar la subsistencia.

Este viernes, la Cámara de Comercio de Cartagena entregará en Santa Rosa de Lima un Centro Integral de Servicios Empresariales. Su propósito no es prometer soluciones inmediatas a problemas estructurales, sino reducir distancias: acercar servicios registrales, orientación, formación, información y rutas de acompañamiento a quienes construyen empresa desde el territorio.

Llegamos después de escuchar y medir. Llegamos con la responsabilidad de responder a lo que el censo reveló: mujeres que lideran negocios, familias que dependen de ellos y empresarios que necesitan mejores condiciones para organizarse, acceder a oportunidades y crecer.

Acercar una institución no consiste solamente en reducir kilómetros. Consiste en disminuir la distancia entre el esfuerzo empresarial y las posibilidades reales de desarrollo.

En Santa Rosa de Lima existen 972 razones para hacerlo.

*Presidente Ejecutiva Cámara de comercio Cartagena.

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