comscore
Columna

Salud mental en Cartagena

“Ninguna ciudad puede llamarse verdaderamente desarrollada si cientos de sus habitantes pierden la esperanza antes de encontrar ayuda”.

Javier Ramos Zambrano

Compartir

Hay cifras que obligan a detener cualquier conversación sobre el futuro de Cartagena. Una de ellas la consignó el más reciente Informe de Calidad de Vida de Cartagena Cómo Vamos: durante 2025 se registraron 619 intentos de suicidio en la ciudad, cifra que supera la meta contemplada en el Plan de Desarrollo Distrital. Estamos frente a una alerta de salud pública que exige ocupar un lugar prioritario en la agenda de la ciudad.

El informe deja dos hallazgos que deberían encender las alarmas. El primero es que la crisis de salud mental tiene un marcado rostro femenino: el 75% de los intentos de suicidio correspondió a mujeres. Aunque el estudio no establece las causas de esta diferencia, la magnitud de la brecha obliga a prestar atención a factores como la violencia basada en género, la sobrecarga de las labores de cuidado, la incertidumbre económica y las barreras de acceso a servicios especializados.

El segundo hallazgo resulta aún más inquietante. En tres de cada diez intentos registrados, la persona ya había atravesado un episodio anterior. Esa cifra revela que el problema no termina cuando alguien sale de una sala de urgencias. Cuando una persona atraviesa nuevamente una crisis suicida, no estamos únicamente frente a un drama personal; también queda en evidencia un sistema que no logra ofrecer acompañamiento sostenido después del primer episodio. La atención inicial salva vidas, pero el seguimiento es el que puede evitar que la desesperanza vuelva a imponerse.

Precisamente ahí cobra importancia que herramientas como el Código Dorado no se queden en una resolución ministerial, sino que se traduzcan en rutas efectivas de acompañamiento y continuidad del cuidado, para quienes atraviesan una crisis.

A este panorama se suman 39 muertes por suicidio durante 2025. Aunque la tasa continúa por debajo del promedio nacional, esa comparación no debería servir de consuelo. Cada vida perdida representa una tragedia para una familia y una señal de que todavía existen personas que no encontraron ayuda a tiempo.

El Distrito debe fortalecer la atención psicosocial en los barrios, reducir las barreras de acceso a los servicios especializados y garantizar el seguimiento de las personas en riesgo. Pero sería un error pensar que esta tarea recae únicamente sobre el sector salud. La prevención también comienza en las escuelas, las universidades, las empresas, las familias y los medios de comunicación.

Solemos medir el progreso de Cartagena por los kilómetros de vías construidas, los parques inaugurados o el número de turistas que llegan cada temporada; pero quizá llegó el momento de incorporar otro indicador igual de trascendente: cuántos cartageneros sienten que vale la pena seguir viviendo. Porque ninguna ciudad puede llamarse verdaderamente desarrollada si cientos de sus habitantes pierden la esperanza antes de encontrar ayuda.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News