Hay discursos de bienvenida que se olvidan al terminar la semana. Y hay otros que dejan una idea dando vueltas durante mucho tiempo. El que se escuchó en la inducción de los nuevos estudiantes de la Universidad Tecnológica de Bolívar debería pertenecer a esta última categoría.
No fue solo por lo que dijo la rectora Alicia Bozzi. Fue por cómo decidió decirlo. Pudo subir al atril, pero permaneció abajo, al mismo nivel de los estudiantes. Antes de hablar de cercanía, la estaba demostrando.
Luego preguntó: ¿Qué sueño los trajo hasta aquí?
Las respuestas aparecieron en una nube de palabras: ser profesional, ser alguien en la vida, cambiar la sociedad, ser exitoso, ayudar a mi familia, la plata. Detrás de cada expresión había una historia distinta, pero una misma esperanza: que la universidad sea el puente entre quienes son hoy y quienes aspiran a ser mañana.
La rectora insistió en una idea que vale mucho más que cualquier plan de estudios: la excelencia no consiste en ser perfectos, sino en dar lo mejor de nosotros cada día. Porque el reto ya no es solo aprender una profesión, sino desarrollar la capacidad de adaptarse, innovar y seguir aprendiendo durante toda la vida.
También recordó que nadie construye un gran proyecto de vida solo. “Los sueños necesitan conexiones”. Entonces pidió a los estudiantes mirar a quien tenían al lado. Fue un gesto simple, pero simbólico. La universidad no solo entrega conocimientos; también regala amistades, maestros, oportunidades y redes que muchas veces terminan cambiando el rumbo de una vida.
Vivimos en una época en que la inteligencia artificial responde preguntas en segundos y la información está al alcance de un clic. Pero ninguna tecnología reemplazará la curiosidad, el pensamiento crítico, la capacidad de trabajar con otros o el deseo de servir. Esas siguen siendo las verdaderas ventajas competitivas de un ser humano.
Este lunes, cientos de jóvenes iniciarán su vida universitaria... ojalá no entren pensando únicamente en el diploma que recibirán dentro de algunos años. Ojalá entren convencidos de que la universidad es, sobre todo, un lugar para descubrir quiénes pueden llegar a ser. Ojalá pregunten más de lo que responden. Lean más allá de lo obligatorio. Equivóquense sin miedo. Rodéense de personas que los reten intelectualmente. Aprovechen a sus profesores. Construyan relaciones auténticas. Y recuerden siempre el sueño que los llevó hasta ese campus el primer día. Y que, cuando el camino se vuelva difícil, recuerden aquella primera pregunta...
¿Qué sueño los trajo hasta aquí?
Porque no hay mejor brújula para recorrer la universidad que no olvidar nunca la razón por la que un día decidimos empezar.

