Cuando vi el mensaje de Camila y recibí una llamada de José Miguel, los hijos de Miguel Santamaría Dávila, que tuvieron el hermoso gesto de compartirme el fallecimiento de su padre, la noticia me estremeció y los sentimientos se agolparon, desde el respeto y la admiración, hasta la amistad y el afecto.
Miguel, cariñosamente para estas líneas y para mis recuerdos, fue el primer presidente de Fedegán, después de nacer a la institucionalidad gremial en diciembre de 1963, y por supuesto que me honra ser uno de sus sucesores.
Con su gracejo muy cachaco, me contó alguna vez la anécdota de su llegada a Fedegán, cuando, a comienzos de 1964, tres amigos: Augusto Espinosa, Oliverio Lara y Pepe Lafaurie -José Vicente, mi padre- le propusieron gerenciar un gremio recién nacido. Miguel preguntó, entre otras cosas, por los recursos con que contaría y... por su sueldo. “¡Cómo te parece ala..., no tenían un peso!”, me soltó con una de sus espontáneas carcajadas.
Ya sea por amistad con los líderes de la iniciativa o por el reto de organizar el gremio que alzaría la bandera en defensa de la propiedad de la tierra, frente a la reforma agraria expropiatoria de los gobiernos liberales; por lo que haya sido..., Miguel aceptó.
Lo que vino después fue épico. Miguel aplicó su liderazgo y bonhomía a conseguir apoyo de recursos públicos, en una aproximación a lo que años después sería la parafiscalidad ganadera. Así desarrolló programas y servicios que hoy reseñan los medios a partir de un video que realizamos en su honor en 2023, cuando le otorgamos la condecoración que, años atrás, habíamos creado con su nombre: La Gran Gruz al Liderazgo Ganadero Regional ‘Miguel Santamaría Dávila’.
Porque ese fue su mayor logro, el de ser “constructor de gremios”. Miguel recorrió el país convenciendo a los ganaderos de la importancia de unirse en comités locales y regionales que, a su vez, confluyeran en Fedegán como gremio cúpula.
Así que, más que su primer presidente, Miguel fue ‘el gran arquitecto’ de Fedegán en su primera década, hasta llevar a la Federación al reconocimiento nacional e internacional como el gremio más representativo de la ganadería colombiana; representatividad que seguiremos defendiendo con la entereza con que él la construyó.
Otro logro de Miguel fue unir a los ganaderos con la tecnología de comunicaciones de la época, propósito que retomé y cuya última fase: Fedegán 5.0, lanzaremos en noviembre, en el Congreso Ganadero en Valledupar, donde sentiremos su presencia y, por ello, lo haremos en su honor.
Miguel Santamaría Dávila, presidente emérito de Fedegán; su vida se apagó, pero la luz de sus luchas y realizaciones iluminará la historia de la ganadería colombiana. ¡Gracias Miguel!
