En el mundo de las fábulas literarias sobresale la de Homero, el poeta ciego, autor de La Ilíada y La Odisea, las dos grandes epopeyas de la cultura occidental. ¿Existió Homero? Esa pregunta ha recorrido los siglos sin encontrar respuesta. Sin embargo, ante la imposibilidad de probar que no existió, Homero sigue andando por nuestras vidas como el gran poeta de su tiempo.
Era natural de Esmirna y ciego de nacimiento. ¿Cómo un ciego puede producir tanta belleza cuando no existía la escritura, hasta tal punto que no se menciona siquiera en La Ilíada y La Odisea? Admirable el ejercicio de la memoria en esos tiempos: Muchos bardos vivían de recitar los textos homéricos sin error alguno. Fueron ellos, los Homéridas, los creadores de los cientos centros de estudio que se abrieron por toda Grecia sólo para analizar los 13.000 versos de La Ilíada y otros tantos de La Odisea. No hay duda alguna, “La cuestión de Homero” es la más fenomenal disputa literaria que han presenciado los siglos.
Los eruditos nos advierten que el primero que menciona a Homero es Jenófanes, en el año 550 y, un siglo más tarde, Heródoto cita La Ilíada y La Odisea. ¡Fueron tiempos de silencio sobre Homero y sus poemas! Pero después de tan inexplicable mutismo nunca más se ha dejado de hablar del tema. A veces, cuando nos encontramos en la biblioteca con esos conocidos poemas, nos asalta la impresión de haber conocido al autor. Es que “ sean quienes fueron aqueos y troyanos, un mundo nuevo aparece en Homero. Todo lo que la humanidad ha producido antes resulta bárbaro, salvaje, sin valor, comparado con la La Ilíada y la Odisea”.
En las pantallas de Colombia se exhibe por estos días La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, lo que ha removido la polémica. Me tocó en Bogotá una sala completamente llena que al concluir la película aplaudió con fervor. Había alegría en los rostros de los asistentes, comprobándose- como unas epopeyas del siglo VIII a. C.- siguen llegando al alma de la gente.
Helena, cuya belleza es la culpable de la “guerra de Troya”, es el paradigma de la mujer occidental, y Odiseo o Ulises, es el ingenioso aventurero que logra regresar incognito al calor del hogar donde lo esperan la fiel Penélope y Telémaco, el hijo orgulloso , que lucha contra los pretendientes de su madre, al lado de un incógnito pordiosero que resulta ser su padre.
Oí a varios asistentes reír con alegría al reconocer la presencia de un actor colombiano: John Leguizamo, quien interpreta a Eumeo, el “porquero noble” que ayuda a la reconquista del trono de Ítaca.
No pocos críticos encuentran falta de orden y unidad en los poemas de Homero. Por eso, para que el lector juzgué, es mejor trascribir algunos párrafos de La Ilíada:
Andrómaca le habla a Héctor: “... Dueño querido, tu valor te perderá. ¿ No te apiadas del tierno infante ni de su madre infortunada, que pronto será viuda, porque los aqueos te acometerán y acabarán contigo? Mejor sería para mí bajar al sepulcro que perderte, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares. Padres no tengo; mató a mi padre el divino Aquiles cuando arrasó la populosa ciudad de los cilicios, Tebe la de las altas puertas.(...)” (Tomado de la Historia del mundo, de Pijoan).
