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Columna

Obra que se convierte en oportunidad

“El reto ahora es doble: sostener este ritmo de ejecución y garantizar que cada nuevo proyecto priorice contratación formal y trabajadores de hogares vulnerables, para que el crecimiento de la ciudad se sienta también en el bolsillo de quienes más lo necesitan”.

Wilmer Iriarte Restrepo

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Cómo la infraestructura de Cartagena se traduce en empleo y bienestar. Cada grúa y cada tramo de vía en construcción en Cartagena esconde una historia menos visible: la de miles de hogares que hoy reciben un salario gracias a esas obras.

Entre enero de 2024 y julio de 2026, la cartera de Infraestructura del Distrito ha generado 4.087 empleos directos que, sumados al efecto de arrastre del sector -cada puesto directo mueve otros 2,17 en la cadena de proveedores-, se traducen en cerca de 13.000 empleos en la economía local. Es casi el doble del impacto que mostraban las cifras de apenas un año atrás, señal de que la ejecución de la cartera está tomando velocidad de crucero.

El recorrido de estos últimos meses lo confirma. A finales de 2025 la cartera sumaba poco más de dos mil empleos directos; hoy, con obras como el Malecón del Mar, el Complejo Deportivo de Nuevo Chambacú, los nuevos colegios y la red de alcantarillado de Bayunca y Pontezuela avanzando en paralelo, esa cifra se ha duplicado.

No es un dato aislado, sino la evidencia de que una cartera de proyectos bien ejecutada, puede convertirse en un motor sostenido de generación de empleo, mes tras mes.

Ese impulso no se queda en el concreto. La masa salarial asociada, proyectada al cierre del programa, podría acercarse al billón de pesos inyectados en los hogares cartageneros.

Bajo los coeficientes típicos de la literatura económica para Colombia, ese ingreso adicional tiene el potencial de reducir varios puntos porcentuales la pobreza monetaria de la ciudad, sacando de esa condición a decenas de miles de personas por la vía más sólida y duradera que existe: un salario formal, mes a mes, en el propio barrio donde se ejecuta la obra.

La lección es clara: cuando la obra pública se piensa también como política de empleo y de inclusión de mano de obra local, la infraestructura deja de ser solo cemento y se convierte en el motor más directo de redistribución que tiene Cartagena a su alcance.

El reto ahora es doble: sostener este ritmo de ejecución y garantizar que cada nuevo proyecto priorice contratación formal y trabajadores de hogares vulnerables, para que el crecimiento de la ciudad se sienta también en el bolsillo de quienes más lo necesitan.

Cartagena tiene, en su propia cartera de obras, una herramienta de equidad social que apenas está comenzando a rendir sus frutos.

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