Columna

Doctrinas

“Me insultaron por manifestar mi pensamiento, reflejo de los desastres del fanatismo. Nunca usaría a otros para imponerles mis ideas...”

LIDIA CORCIONE CRESCINI

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¿Por qué las ideologías ya no me convencen? Hoy se habla de fascismo con ligereza, utilizándolo como un arma verbal para manipular las emociones del público; al igual que el socialismo y otras doctrinas creyendo cada uno tener la última palabra. La gente repite conceptos históricos sin entender su verdadera gravedad, dejándose llevar por discursos cargados de odio que simplifican el pasado. En Colombia, esta preocupante polarización lleva a tildar al nuevo gobierno de fascista sin ningún sustento ni rigor real, vaciando por completo el concepto de su significado verdadero. Esta falta de análisis demuestra cómo las masas prefieren adoptar consignas fáciles en lugar de estudiar la historia con matices, un fenómeno peligroso que solo alimenta el resentimiento y anula el debate democrático sano.

En este siglo, muchos insisten en defender las teorías de Karl Marx, asegurando que el socialismo es la única salida; sin embargo, en mis años de vida, jamás he visto que esa ideología funcione al llevarla a la práctica; nunca opera como la plantean en los libros. Yo también tuve ideas revolucionarias en mi juventud. Cuando ingresé a la Universidad de Cartagena, quise defender la justicia social. Marchaba por las calles junto a mis compañeros con los códigos bajo el brazo, y la policía nos correteaba. Escribí con la revista Gramma de Cuba. Eran momentos bellos, propios de una edad en la que queremos salvar al mundo como héroes. Mi paso por la profesión del Derecho me dio una perspectiva mucho más amplia. Tuve la fortuna de tener a magistrados de docentes. Ninguno me impuso jamás sus ideas. Al contrario, expandir nuestro entendimiento a través de la norma jurídica y nos mostraban la realidad desde su valiosa experiencia. Estaba convencida de ser una heroína, pero el tiempo me terminó dando la razón en lo personal. Hoy no entiendo por qué se asume que todos los escritores debemos ser izquierdistas, ni por qué te agreden si manifiestas un pensamiento diferente. ¿Dónde queda la verdadera democracia? Las ideologías extremas no funcionan. Cuando asumen el poder, ya no existe izquierda ni derecha; todo se reduce a conveniencias personales, al deseo alucinado de dominar, pisar y aplastar al oponente. Me insultaron por manifestar mi pensamiento, reflejo de los desastres que causa el fanatismo. Soy escritora, poeta, periodista, artista, ama de casa y cuidadora de una persona de 96 años. Trabajé la vida entera para recibir una pensión, y me la sigo sudando día tras día. Nadie me ha regalado un peso y nunca usaría a otros para imponerles mis ideas. Hoy tenemos un nuevo presidente legítimo en Colombia y es el mandatario de todos; hacer oposición ciega pensando que no va a durar está fuera de foco. Los invito a trabajar, por Colombia, y no con violencia, ofensas ni verborrea dañina e inútil.

*Escritora.

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