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Columna

Ética ciudadana ante la tragedia

La verdadera prueba comienza cuando terminen los rescates y empiece a reconstruirse la existencia de los que quedaron vivos.

Orlando Díaz Atehortúa

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Fernando Savater, autor de Ética para Amador, recuerda que en el ágora griego, los hombres avanzaron, superando la defensa exclusiva de su clan familiar, para construir proyectos comunes con otras tribus. Ya no se trataba solo de cazar y sembrar, sino de compartir saberes, experiencias, hierbas medicinales y formas de vivencias, para convivir pacíficamente.

Siendo válido y razonable que cada individuo reivindique sus derechos, bajo el pregón de su libertad, no de su libertinaje —lo que hoy llamamos libre desarrollo de la personalidad—, sin estar obligado a seguir ciegamente a un dirigente, por encumbrado que esté o a un pastor o sacerdote, de cualquier religión, se recuerda: la ética es una reflexión personal sobre el quehacer frente a la propia libertad: cada uno nos reconocemos como sujetos de derechos y responsables de nuestras decisiones, no obstante, el individualismo no significa desligarse de la sociedad. Somos seres irremediablemente sociales, guiados por los derechos y las necesidades del otro.

Esto se demuestra en las inmensas tragedias, es evidente: los colombianos nos unimos frente al reciente y horroroso terremoto, que cobró cientos de vidas y dejó a miles sin nada. Una vez más nuestro pueblo demuestra que, en gran mayoría, está compuesto de guerreros de luz, generosos, filantrópicos, solidarios, fraternos, como lo ha sido desde los tiempos de la Independencia: unos consiguen mercados, otros los reparten entre los más necesitados; algunos participan en el rescate de desaparecidos, entre toneladas de escombros. Cada quien ofrece lo que puede.

Victoria Camps, pensadora española y profesora de Ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, sostiene que debemos educar en libertad e igualdad, para desarrollar proyectos de vida propios, que deben estar permeados hacia la sociedad, especialmente a las personas más necesitadas. Hoy vemos miles de compatriotas, e incluso personal extranjero, que ponen su libertad al servicio de quienes lo perdieron todo, de quienes lloran a sus muertos y buscan a sus desaparecidos, con actos que superan ese nefasto individualismo al que suele reducirse la ciudadanía, enseñada por lo general solo a pagar impuestos, cumplir leyes y votar. La libertad es un derecho humano inalienable, que adquiere pleno sentido cuando se pone al servicio del otro.

Para terminar, no podemos permitir que las cámaras se apaguen, ni que se paralice la consecución de recursos. La verdadera prueba comienza cuando terminen los rescates y empiece a reconstruirse la existencia de los que quedaron vivos. Allí, la ética ciudadana deja de ser palabras huecas y se convierte en conducta, cuando el dolor del otro nos importa como nuestro.

Adenda: Es grosero y patético que, mientras viven en apartamentos de estrato seis, ataquen por redes, en forma indiscriminada, al congresista Óscar Benavides, quien ha recogido toneladas de alimentos y más de quinientos millones de pesos en ayudas para el Chocó, su tierra natal. El único señalamiento de Vicky Dávila, Francisco Barbosa y Ernesto Macías es que usó cuentas propias y no canales formales, ataque rastrero y miserable de quienes lanzan tan livianas acusaciones, en disfavor de un congresista que se ha puesto la camiseta y las botas para ayudar en esta horrenda tragedia.

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