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Columna

La mitad que ya construyó sin esperar al sistema

Entonces vale la pregunta: ¿cuánto de lo que llamamos “informal” es en realidad la parte más resiliente de la economía?

Stephanie Dager

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El 46,9% de las mujeres en Colombia en edad de trabajar no están en el mercado laboral, esto incluye a quienes no buscan trabajo por múltiples razones, no solo por exclusión. Y de las que sí trabajan, el 52,4% son informales: no cotizan a seguridad social ni a pensión.

Detrás de ese 52,4% están las madres que se levantan a vender fritos, a las que trabajan en casas de familia sin contrato, a las peluqueras a domicilio, a las fruteras, a las cocineras, las que tienen una pequeña tienda, crían solas, las que emprenden y venden por WhatsApp o Instagram sin razón social.

Llevo veinte años en finanzas. Presido la junta de un fondo de capital privado. Dirijo un family office. Y, aun así, cuando leo ese 52,4%, no pienso primero en macroeconomía. Pienso en esas mujeres. Ellas mueven la economía real de este país. Ninguna aparece en un balance, en un índice bursátil, en un reporte de resultados.

Soy parte de las mujeres que hablamos de “empoderamiento económico femenino”. Lo que debería decirse con más honestidad es esto: cómo logramos que más mujeres quieran y puedan entrar al mercado laboral con condiciones reales, y cómo formalizamos a las que ya trabajan y no han podido acceder al sistema. Porque esa mujer sostiene la economía más básica de este país. Y no tiene acceso al lenguaje ni a los espacios donde se toman las decisiones sobre su futuro. Su aporte es real. Su reconocimiento, no.

Entonces vale la pregunta: ¿cuánto de lo que llamamos “informal” es en realidad la parte más resiliente de la economía? ¿La que no tuvo la opción de esperar a que el sistema la incluyera, y por eso construyó por fuera de él?

Esto no es solo un problema de cifras. El 52,4% no es solo el dato de la exclusión. Es también el dato de la resiliencia. Es la historia de cerca de cinco millones de mujeres que, ante la falta de estructura, no se quedaron esperando: buscaron cómo generar ingreso, sostuvieron un hogar, construyeron algo de la nada. La informalidad, vista con más honestidad, es muchas veces la solución de una mujer sola que resolvió sin red.

La pregunta que me deja el 52,4% no es solo qué tan grave es la brecha. Es qué le debemos —desde la banca, desde la inversión, desde el liderazgo empresarial, desde este gobierno— a esa economía invisible que sostiene a la visible. Detrás de muchas empresas formales hay una cadena de informales que hizo posible ese resultado. Y tiene cara de mujer. ¿Qué les debemos a estas mujeres?

Fuente: DANE, Boletín Técnico Ocupación Informal, trimestre móvil noviembre 2025–enero 2026

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