comscore
Columna

Trumpito, de atención el centrito

“Infantino finalmente logró llevárselo del escenario, pero en el momento clave ahí estuvo él. Impasible. Impertérrito…”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

Compartir

¿Vieron la final de la Copa Mundo de Fútbol hace unas semanas? Seguro que sí. ¿Recuerdan la entrega del trofeo a los españoles por Infantino y Trump? No lo dudo, pero déjenme refrescarles la memoria: el presidente de la FIFA y el de Estados Unidos con el trofeo en las manos se acercan al capitán español, Rodri, y se lo dan para que éste lo alce al cielo en símbolo de triunfo futbolístico. Es una ceremonia que se repite cada cuatro años y que todos conocen. En el momento de alzar el trofeo, todos los jugadores estallan en un grito de alegría, se lanzan fuegos artificiales y papelitos de colores y se oficializa el éxito deportivo. Todo bien salvo un detalle. Siempre, una vez entregado el trofeo, las autoridades se retiran y dejan el protagonismo a los futbolistas.

Pero este año hubo alguien que no quería retirarse. Por supuesto, nuestro amigo Trumpito, que ansiaba ser de atención el centrito. Rodri le invitó con un sutil empujón dado con la mano a que se fuera. Infantino trató de llevárselo. Hasta un jugador español, Mikel Merino, se burló de la forma trumpista de ‘bailar’ en las mismas narices del presidente gringo. No se dio por aludido. A lo más que transigió fue a hacerse a un lado y a vivir desde un extremo del grupo de futbolistas el momento de alzar el trofeo.

Infantino finalmente logró llevárselo del escenario, pero en el momento clave ahí estuvo él. Impasible. Impertérrito. Completamente indiferente al mundo entero que lo miraba como se mira a ese señor mayor al que todos conocemos y a cuyas extravagancias nos resignamos.

Las consecuencias fueron evidentes: al día siguiente los mil y un programas de humor estadounidenses se burlaron del abuelo al que, cada vez más, se le nota que se le va la cabeza. El típico tipo que vive necesitado de ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro.

Los memes se viralizaron. Los influencers rieron. Más allá de eso, su imagen desapareció de las fotos oficiales tanto de la FIFA como de la selección española. Alguien debió considerar oportuno borrarlo haciendo que la inteligencia artificial sirva por primera vez para algo útil. No sean como Trump, por favor. No lo seamos ninguno de nosotros. Recemos a Dios, a la Virgen y a todos los Santos del Cielo por no perder el oremus como este señor y recordar nuestro lugar en la vida y en todas partes. Como dijo aquel político catalán, lo peor que puede hacer uno es hacer el ridículo. Pues eso.

*Universidad Autónoma de Barcelona.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News