Hace treinta años, Cartagena fue escenario del nacimiento y desarrollo de una iniciativa que con el tiempo trascendería nuestras fronteras y se convertiría en un referente internacional de cooperación entre el sector privado, las aduanas y los gobiernos para fortalecer la seguridad del comercio.
La historia comenzó en 1996 en los Estados Unidos, cuando Mattel, preocupada por el riesgo de que sus operaciones y las cadenas legítimas de comercio pudieran ser utilizadas por organizaciones ilícitas para el transporte de narcóticos, llevó ante el Servicio de Aduanas de los Estados Unidos una propuesta orientada a establecer mecanismos preventivos de seguridad. De esa iniciativa empresarial, y del trabajo conjunto con la Aduana estadounidense, surgió el concepto que daría origen a BASC.
Ese mismo año, mientras en Estados Unidos se buscaba responder a esa amenaza, en Cartagena enfrentábamos nuestros propios desafíos de seguridad en el comercio exterior. Eran dos realidades diferentes que terminaron encontrándose alrededor de un mismo propósito: proteger el comercio legítimo mediante la prevención y la cooperación entre empresas y autoridades.
La Aduana de los Estados Unidos fue el vínculo fundamental entre ambas experiencias. En Cartagena, Muelles El Bosque se convirtió en la primera organización de Suramérica en implementar el programa y fue seleccionada como plan piloto. A partir de allí se sumaron nuevas empresas y comenzó a construirse una experiencia que posteriormente se estructuraría en Cartagena y se expandiría por Colombia y América Latina.
Desde entonces, el programa creció, se estructuró y cruzó fronteras. Lo que comenzó a partir de una necesidad empresarial concreta terminó convirtiéndose en una organización modelo internacional de cooperación que hoy articula a más de 4.700 empresas certificadas en 17 países de las Américas, comprometidas con la implementación de estándares y buenas prácticas para construir una cadena logística más segura, confiable y competitiva.
Sin embargo, al conmemorar estos 30 años, considero que el principal reconocimiento debe ser para las empresas.
Fueron ellas las que creyeron en el modelo, muchas veces cuando todavía era apenas una visión. Invirtieron recursos en tecnología, infraestructura, capacitación, procesos y sistemas de control; transformaron procedimientos internos y, quizás lo más importante, incorporaron una verdadera cultura de prevención y seguridad dentro de sus organizaciones.
Ese compromiso empresarial permitió demostrar que la seguridad no debía entenderse únicamente como una obligación de las autoridades, sino como una responsabilidad compartida. Empresas y gobiernos podían trabajar conjuntamente, cada uno desde sus competencias, para facilitar un comercio más seguro sin perder de vista la eficiencia y la competitividad.
A lo largo de estas tres décadas fueron innumerables las personas, instituciones, autoridades aduaneras y organizaciones que contribuyeron a la creación, consolidación e internacionalización de BASC. Sería imposible mencionarlas a todas. Cada país y cada capítulo fue construyendo esta historia con el esfuerzo de empresarios y profesionales que entendieron que la confianza también es un activo esencial del comercio internacional.
Hoy ese principio mantiene plena vigencia. Las cadenas de suministro enfrentan amenazas cada vez más complejas y globales. El narcotráfico, el contrabando, la contaminación de cargas y otras modalidades del crimen organizado evolucionan constantemente. A ello se suman nuevos desafíos tecnológicos y de ciberseguridad que obligan a empresas y autoridades a fortalecer permanentemente sus mecanismos de prevención.
Por eso, BASC no debe verse solamente como una historia exitosa de los últimos treinta años. Su mayor valor está también en lo que puede aportar hacia el futuro.
Colombia necesita empresas competitivas, instituciones sólidas y relaciones de confianza con sus principales socios comerciales. En ese propósito, la cooperación entre el sector privado y el Estado es indispensable, así como el fortalecimiento del trabajo conjunto con los Estados Unidos y con las autoridades de los países con los cuales mantenemos importantes relaciones comerciales.
Los próximos 1 y 2 de septiembre, en Miami, World BASC Organization conmemorará estos 30 años en el marco de su Congreso Mundial. Será una oportunidad para reconocer lo construido, reunir nuevamente a empresas y autoridades y analizar los desafíos que enfrenta la seguridad del comercio internacional.
Será también una valiosa oportunidad para contar con la participación de representantes del nuevo Gobierno colombiano, conocer de cerca la experiencia desarrollada durante estas tres décadas y continuar construyendo espacios de cooperación con el sector empresarial y con nuestros aliados internacionales.
Treinta años después, resulta especialmente significativo recordar que una iniciativa que comenzó en Cartagena logró proyectarse internacionalmente. Pero su verdadero legado no está únicamente en su expansión geográfica ni en el número de empresas que hoy hacen parte del sistema.
Está en haber demostrado que la confianza, la cooperación y la responsabilidad compartida pueden transformar la manera de proteger el comercio internacional.
Ese es el reconocimiento que merecen las empresas que durante tres décadas han hecho posible BASC. Y ese es también el desafío para los próximos treinta años.
