Cumplió Rafa los 80 años el 23 de agosto. Ese día me desperté recordando nuestros felices tiempos de juventud. Cómo, desde niños, nos ha gustado tanto el baile como la música, una vez en la Caseta ‘Matecaña’ le dije que, cuando cumpliera 100 años, lo celebraríamos con Los Melódicos de Renato Capriles y Los Corraleros de Majagual. Daba gusto presenciar una disertación de Rafa narrando las Fiestas de Noviembre y explicar cómo trascurría el ambiente popular en Cartagena. Hemos celebrado en agosto su cumpleaños convocando una reunión de hermanos en la que nos acompañó en silencio..., ese que produce el Alzheimer con crueldad y aleja a quien nos llenaba de encanto con su galopante alegría.
Yo no recuerdo el tal Alzheimer en aquellos noviembres nuestros. En Manga la radiola no descansaba. Rafa seleccionaba la música y guardaba un cuaderno de las peladas por cada calle del barrio, con notas al margen, ‘bonita’, ‘maluca’, ‘baila sabroso’, ‘es mosquita muerta’. Era admirador del maestro Pianeta Pitalúa y su orquesta A#1, de Pedro Laza y su bajo de palo; pero cuando ponía la aguja en la canción ‘El Cebú’, decía: “Este es el himno de las Fiestas de Noviembre”, y repetía el solo de saxo hasta rayar el disco. Este 23 puse frente a sus ojos la foto tocando los bongoes en ‘La Vitrola’ con los que hacía introito a Alfredo De La Fe. Inspirado por su alma musical se dio el lujo de dejar a De La Fe un buen rato, con el violín extendido, apoyado en la barbilla. El músico sorprendido pacientemente esperó. Se me ocurrió poner ‘La Pollera Colorá’, de Choperena, y notamos solo un parpadeo cuando escuchó el nombre de la negra Soledad, la que bailaba la cumbia, y su mirada se perdió por el balcón dónde se extiende la antigua hacienda de don Pablo Capella.
La pérdida temprana de la memoria es muy notoria para quien prendía la fiesta y era anfitrión que sorprendía, con ricos sabores que majaba, con mucho amor, en el mortero de sus sentimientos.

No repitamos lo de Mocoa
Jhorland Ayala García Jhorland Ayala GarcíaDecía Rafa que los capuchones de las Fiestas Novembrinas quedaron atrás colgados en el clavo de los recuerdos, capuchones con caretas de añoranzas y capuchones quemados por buscapiés y sudorosos de bailar en muchos bandos. Estos 80 de Rafa merecían ser festejados. Rafael de Jesús lo acompañó y Natalia desde Alemania lo lleno de besos.
Este Alzheimer esconde los recuerdos, pero ante la falta de palabras, la memoria logra asomarse en la mirada fugaz y en el brillo de una lágrima que nos inundó de nostalgia el corazón.