Hay una paradoja que nuestros jóvenes conocen demasiado bien: para conseguir el primer empleo les piden experiencia, pero para adquirir experiencia necesitan que alguien les dé una primera oportunidad.
Por eso vale la pena reconocer iniciativas como Mi Primera Chamba, de la Alcaldía de Cartagena, que ha permitido que cientos de jóvenes tengan un primer acercamiento al mundo laboral.
Pero precisamente porque es un buen comienzo, debemos hacernos una pregunta: ¿qué pasa después de la primera chamba?
Esta no es una pregunta para desconocer lo que se viene haciendo. Es una invitación a llevar la discusión al siguiente nivel.
El verdadero reto no debería ser solamente lograr que un joven tenga una primera experiencia laboral. Debemos conseguir que esa experiencia se convierta en una puerta de entrada a un empleo formal, estable y con posibilidades de crecimiento.
Cartagena necesita pasar de pensar en la primera experiencia a construir una verdadera primera oportunidad.
Eso implica que el éxito de una política de empleo juvenil no debería medirse únicamente por cuántos jóvenes participan, sino también por cuántos logran avanzar hacia un empleo formal, mejorar sus ingresos y construir un proyecto de vida.
Para lograrlo, el Distrito no puede trabajar solo. Necesitamos conectar a la Alcaldía, las empresas, las universidades, el SENA y las organizaciones sociales alrededor de una misma ruta.
El Distrito puede formar y acompañar. Las instituciones educativas pueden preparar. Pero son las empresas las que tienen la capacidad de convertir ese talento en empleo.
Y aquí aparece una pregunta que deberíamos empezar a medir: ¿cuántos jóvenes consiguen empleo después de terminar su primera experiencia?
Ese indicador puede decirnos mucho más que el número de personas que ingresan a un programa.
Porque capacitar a un joven es importante. Darle una práctica también. Pero lograr que encuentre un empleo formal o pueda construir un emprendimiento sostenible es lo que realmente puede transformar su proyecto de vida.
Nuestros jóvenes no necesitan solamente programas.
Necesitan rutas.
Una ruta que comience en el colegio, continúe con formación técnica o profesional, pase por una primera experiencia laboral y conduzca hacia un empleo digno o un emprendimiento sostenible.
Mi Primera Chamba puede ser el comienzo de esa ruta.
Pero no debería ser el punto de llegada.
Nuestros jóvenes no son el futuro de Cartagena. Son su presente.
Y mientras seguimos hablando de las oportunidades que tendrán algún día, miles de jóvenes cartageneros están buscando una oportunidad hoy.
Cartagena tiene talento. El desafío es construir los puentes para que ese talento encuentre oportunidades.
La primera chamba puede abrir la puerta. Nuestra responsabilidad como ciudad es asegurarnos de que esa puerta no vuelva a cerrarse.

