Esón, rey de Yolcos (Grecia), es depuesto por su medio hermano Pelias. Jasón, hijo del rey es exiliado; ya adulto regresa, y el usurpador pone como condición para devolver el reino, que le traiga el Vellocino de Oro, fuertemente custodiado por un insomne dragón en el reino de Cólquida, gobernado por Eetes, padre de Medea, joven maliciosa que le ayuda a robar la reliquia durmiendo al dragón con unas gotas. Enamorada, huye con Jasón y secuestra a su hermano menor. Cuando la Armada Cólquida casi les da alcance, descuartiza al hermano y lanza sus miembros al mar, logrando detener a sus persecutores. Llegan a Corinto, donde se asientan y tienen dos hijos. Años más tarde, el rey Creonte le ofrece a Jasón la mano de su hija Glauce (heredera del reino), Jasón finalmente acepta. Medea finge consentir la boda y envía a la princesa un vestido impregnado de veneno. Al ponérselo, Glauce muere intoxicada, y su padre Creonte perece al intentar salvarla. Pero la venganza de Medea no se detiene y, en un acto de intensa rabia, asesina a sus propios hijos y huye, infligiéndole a Jasón un dolor irreparable.
Esta tragedia pareciera repetirse en el caso de Lindsay Clancy, acusada de asesinar a sus tres hijos el 24 de enero de 2023 en Massachusetts. El proceso se ha convertido en un punto de tensión entre la psiquiatría, el derecho penal y la percepción social de la maternidad. El caso obliga a examinar no solo los hechos, sino el estado mental de una mujer que, meses previos, había sido objeto de atención psiquiátrica, hospitalizada repetidas veces y medicada con una combinación de psicofármacos.
Su cuadro incluía: depresión severa posparto, ansiedad extrema y síntomas compatibles con psicosis. Los psiquiatras forenses ofrecieron conceptos divergentes: unos describieron una mente fragmentada, incapaz de distinguir entre realidad y delirio; otros afirmaron que, pese a su sufrimiento, Clancy conservaba la capacidad de planificar y comprender la ilicitud de sus actos. En el juicio, el fiscal sostiene la tesis de la responsabilidad, argumentando que Clancy actuó de manera deliberada. El abogado defensor intenta demostrar que la enfermedad mental anuló su voluntad y que el sistema de salud falló en proteger a la familia. El juez trata de equilibrar la controversia médica, los estándares legales y una presión social intensa.
Este juicio, que tal vez llegue a ser uno de los más relevantes del siglo XXI, acaba de decretarse nulo después de que los miembros del jurado no lograran ponerse de acuerdo sobre la responsabilidad de Lindsay. En las próximas columnas pretendo guiarlos por los aspectos psiquiátricos, clínicos y forenses que ayuden a la comprensión de las contradicciones psicopatológicas que resaltan en este interesante caso.
*Psiquiatra.

