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El niño 2026–2027: cuando el pacífico cambia el clima de Colombia

Un fenómeno natural que puede afectar el agua, los alimentos, la salud y la vida de millones de seres vivos.

José William Porras

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Hay fenómenos de la naturaleza que ocurren muy lejos de nosotros, pero cuyas consecuencias terminan llegando hasta nuestra casa. El fenómeno de El Niño es uno de ellos.

En este momento, el océano Pacífico tropical experimenta un calentamiento excepcional y las condiciones atmosféricas asociadas a El Niño ya están establecidas. El escenario requiere atención y preparación.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre de 2026 que El Niño está establecido y que se espera que continúe fortaleciéndose hasta una intensidad muy fuerte, con una probabilidad cercana al 100 % de persistir hasta febrero de 2027. En Colombia, el IDEAM señaló el 10 de septiembre una probabilidad superior al 90 % de intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027, y estimó en 75 % la probabilidad de que se convierta en uno de los fenómenos más intensos de los últimos 76 años.

La pregunta ya no es solamente qué es El Niño, sino qué puede significar un El Niño muy fuerte para Colombia.

¿Qué es el fenómeno de el niño?

El Niño forma parte del sistema climático denominado ENOS: El Niño-Oscilación del Sur. Se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, especialmente en su región central y oriental, presentan un calentamiento anormal que interactúa con la atmósfera y modifica la circulación de los vientos y la distribución de la humedad.

El Niño no significa simplemente que “va a hacer mucho calor”.

El calentamiento del Pacífico altera la circulación atmosférica y puede modificar los patrones de lluvia y temperatura a miles de kilómetros. Sus consecuencias pueden incluir temperaturas superiores a las normales, disminución de lluvias, sequías, reducción de caudales y embalses, mayor evaporación, incendios de cobertura vegetal, deterioro de la calidad del aire, afectaciones agrícolas y pecuarias, problemas de abastecimiento de agua y riesgos para la salud humana y animal.

El IDEAM advierte, además, que El Niño no elimina las lluvias en todo el territorio colombiano. Sus efectos dependen de la región, la altitud y la época del año.

Un pacífico excepcionalmente caliente

La situación actual merece especial atención porque el calentamiento del Pacífico está aumentando con rapidez. Los modelos de la OMM proyectan que la anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 podría alcanzar aproximadamente 3,6 °C durante septiembre-noviembre de 2026, con intensificación hacia noviembre-diciembre.

Estas cifras no significan que Colombia vaya a calentarse exactamente esa cantidad: se refieren a la temperatura del océano en una región determinada del Pacífico y constituyen uno de los indicadores de intensidad de El Niño.

¿Qué puede ocurrir en colombia?

Colombia posee una extraordinaria diversidad climática. Por ello, no todos los departamentos experimentarán exactamente las mismas condiciones.

El IDEAM señala mayor probabilidad de reducción de lluvias en sectores de las regiones Pacífica, Andina y Caribe, acompañada de aumento de temperaturas, mayor evapotranspiración y episodios de estrés hídrico. Esto puede desencadenar: menos lluvia → mayor evaporación → menor disponibilidad de agua → reducción de caudales → afectación de cultivos, ganadería, consumo humano y ecosistemas.

No es lo mismo afrontar una semana seca que varios meses con precipitaciones inferiores a las normales. La duración del fenómeno puede intensificar el problema.

Quizás el recurso que mejor permite comprender la dimensión del problema es el agua. Cuando disminuyen las precipitaciones y aumentan las temperaturas, aumenta también la evaporación y la demanda hídrica. Los ríos y quebradas pueden disminuir sus caudales; los embalses y reservorios pueden descender y los sistemas de abastecimiento experimentar una presión creciente.

beber → producir alimentos → alimentar animales → generar energía → mantener ecosistemas.

El IDEAM advierte posibles reducciones de caudales y niveles de embalses, con repercusiones sobre el abastecimiento humano, las actividades agropecuarias, la generación hidroeléctrica y los ecosistemas estratégicos. Durante un fenómeno fuerte de El Niño, cada litro de agua adquiere un valor mayor.

La agricultura es uno de los sectores más vulnerables. Una planta necesita agua y una determinada combinación de temperatura, humedad del suelo y radiación solar. Cuando aumenta excesivamente la temperatura y disminuye la humedad disponible:

• aumenta el estrés hídrico;

• puede disminuir el crecimiento y el rendimiento;

• aumenta la necesidad de riego donde este sea posible;

• se incrementa la vulnerabilidad durante etapas críticas del cultivo.

El problema puede afectar distintos cultivos: arroz, maíz, papa, café, plátano, frutas, hortalizas y otros sistemas agrícolas dependientes de la disponibilidad de agua.

No significa que todos sufrirán pérdidas. La magnitud dependerá de la región, el cultivo, su etapa de desarrollo, el suelo, la disponibilidad de riego y la duración y severidad del déficit de agua. El Ministerio de Agricultura y la UPRA han puesto en marcha acciones de preparación y coordinación para reducir riesgos sobre cultivos, actividades pecuarias y ecosistemas.

La ganadería enfrenta un problema doble: menos agua y menos alimento. Cuando disminuyen las lluvias, los pastos pierden calidad y disponibilidad, mientras los animales necesitan agua suficiente para sus funciones fisiológicas y para regular su temperatura corporal.

Las altas temperaturas pueden producir estrés térmico, especialmente con elevada humedad, falta de sombra y escasez de agua: menor consumo de alimento, pérdida de condición corporal, disminución de la producción de leche, reducción de productividad, mayor vulnerabilidad frente a enfermedades y, en situaciones extremas, mortalidad.

Los incendios: cuando el paisaje se seca

Existe una relación especialmente preocupante: vegetación seca → mayor riesgo de fuego → pérdida de cobertura vegetal → humo y deterioro de la calidad del aire → suelo más expuesto → pérdida de alimento y refugio para la fauna.

El IDEAM identifica el incremento del riesgo de incendios de cobertura vegetal como uno de los posibles efectos del fenómeno. Sus consecuencias ecológicas pueden permanecer mucho tiempo.

La salud humana frente al calor

El calor extremo también puede convertirse en un problema de salud pública. El Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud emitieron en agosto de 2026 lineamientos específicos de preparación ante El Niño por riesgos relacionados con aumento de temperaturas, olas de calor, escasez de agua, incendios, deterioro de la calidad del aire y enfermedades asociadas.

Las altas temperaturas pueden favorecer deshidratación, agotamiento por calor, golpes de calor, agravamiento de algunas enfermedades crónicas, problemas asociados a la contaminación atmosférica y mayores riesgos para personas vulnerables.

¿Y los animales silvestres?

La fauna silvestre no dispone de aire acondicionado, sistemas de riego ni reservas de agua administradas por el ser humano. Cuando disminuyen los cuerpos de agua y aumenta la temperatura, los animales deben desplazarse en busca de alimento y agua. Esto puede alterar rutas de desplazamiento, disponibilidad de alimento, reproducción, relaciones entre especies, distribución de poblaciones y supervivencia de especies particularmente vulnerables.

Los ecosistemas acuáticos también pueden sufrir: menos agua significa cambios en la temperatura, oxigenación y calidad de los cuerpos de agua. El Niño puede modificar temporalmente el equilibrio ecológico de numerosos territorios.

Los páramos y los glaciares: los grandes reservorios naturales

Colombia posee ecosistemas estratégicos cuya importancia trasciende sus límites geográficos. Los páramos son fundamentales para la regulación y provisión de agua, y los glaciares, aunque representan una pequeña superficie del territorio, son indicadores sensibles de los cambios ambientales.

Un período prolongado de altas temperaturas y déficit hídrico constituye una presión adicional sobre estos ecosistemas. Cuando se afecta un ecosistema regulador del agua, también se afecta la sociedad que depende de esa agua.

¿Hemos vivido algo parecido?

Colombia ya ha experimentado fenómenos fuertes de El Niño, entre ellos los de 1982–1983, 1997–1998 y 2015–2016.

Los registros históricos del IDEAM muestran, por ejemplo, un valor máximo del índice ONI de aproximadamente 2,4 °C para 1997–1998, uno de los grandes eventos de referencia para comparar la evolución de El Niño.

Comparar fenómenos no significa afirmar que sus consecuencias serán idénticas. La vulnerabilidad de un territorio cambia con el tiempo. Cambian la población, la infraestructura, el uso del suelo, la demanda de agua, los sistemas productivos y las condiciones ambientales. Por eso, la experiencia histórica debe utilizarse como referencia, no como predicción exacta de lo que ocurrirá en 2027.

Aquí aparece una cuestión científica especialmente interesante. El Niño es un fenómeno natural. El cambio climático antropogénico es un proceso diferente. No debemos confundirlos. Sin embargo, ambos pueden interactuar.

Un episodio natural de El Niño ocurre sobre un planeta cuya temperatura media ya se encuentra significativamente elevada respecto de la era preindustrial. Por eso, un fenómeno muy fuerte puede producir sus efectos sobre un nivel térmico de fondo más elevado.

La OMM advierte que la intensidad de El Niño por sí sola no determina la gravedad de sus consecuencias en cada país: también influyen otros factores oceánicos y atmosféricos, incluidos el océano Índico y el Atlántico.

La gran lección: el niño se puede predecir, pero no sus consecuencias exactas

La ciencia meteorológica ha avanzado extraordinariamente. Hoy podemos detectar anomalías del océano, estudiar la atmósfera y utilizar satélites, supercomputadores y modelos climáticos para anticipar con meses de anticipación la evolución probable de El Niño.

Pero una predicción climática no significa conocer exactamente qué sucederá en cada municipio. Sabemos que existe un riesgo elevado, qué sectores son vulnerables y qué variables debemos vigilar; sobre todo, sabemos que todavía estamos a tiempo de prepararnos.

El Gobierno colombiano declaró en julio de 2026 una situación de desastre nacional por un período inicial de doce meses para anticipar los efectos asociados al fenómeno de El Niño 2026–2027. La medida muestra que la preparación ya no es una cuestión exclusivamente científica, sino de gestión del riesgo.

El propósito de hablar de un El Niño muy fuerte no debe ser generar miedo, sino anticipación. Prepararse significa ahorrar agua, proteger las fuentes hídricas, prevenir incendios, proteger cultivos y animales, vigilar niveles de ríos y embalses, fortalecer sistemas de alerta temprana, proteger a las personas vulnerables frente al calor y utilizar responsablemente la información científica.

Una advertencia desde la naturaleza

El Niño no es un enemigo. Es un fenómeno natural del sistema climático terrestre. Pero una sociedad que no se prepara puede convertir un fenómeno natural en una emergencia social.

El agua que hoy parece abundante puede escasear mañana; el río que hoy parece poderoso puede reducir considerablemente su caudal; el pasto que alimenta al ganado puede desaparecer bajo una sequía prolongada; un bosque verde puede convertirse en combustible. Una temperatura incómoda para una persona saludable puede representar un peligro para un niño, un adulto mayor o un animal.

Consiste en proteger el agua, los alimentos, la salud y los ecosistemas de los que depende nuestra vida.

El océano Pacífico está enviando una señal. La ciencia ya la está leyendo. Ahora corresponde a la sociedad escucharla.

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