A propósito de la creciente incorporación de tecnologías digitales en distintos ámbitos de la vida social, ha adquirido especial relevancia el concepto de ciudades inteligentes. Esta denominación se ha incorporado progresivamente al lenguaje político, empresarial y académico, aunque no siempre se comprenda plenamente sus implicaciones.
En sentido estricto, una ciudad inteligente puede concebirse como un sistema urbano que aprovecha las tecnologías digitales y el análisis de datos para orientar la formulación, implementación y evaluación de sus políticas públicas, así como para promover procesos de innovación y gobernanza; sin embargo, cuando se incorporan sin suficientes garantías para los habitantes ni transparencia en su uso, pueden restringir libertades y vulnerar derechos.
No resulta apropiado limitar el carácter ‘inteligente’ de una ciudad a la infraestructura tecnológica disponible o a las herramientas que sus autoridades incorporan para tomar decisiones. Conviene entender las ciudades inteligentes como aquellas capaces de articular las tecnologías digitales con la acción del Estado, las empresas, la academia y la ciudadanía, para generar oportunidades y responder apropiadamente a los desafíos colectivos.

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Luis Alfonso RamírezDesde una perspectiva sociológica, la inteligencia de una ciudad no debería residir únicamente en su capacidad para recopilar, procesar, analizar y utilizar datos de manera responsable, sino en la manera en que distribuye los beneficios derivados de la tecnología, reduce las brechas sociales y amplía las oportunidades de sus habitantes. Así las cosas, las tecnologías digitales implementadas deben propender por fortalecer el derecho a la ciudad de los residentes, a democratizar la gestión pública y a proteger los bienes comunes.
En Colombia, la Política de Gobierno Digital impulsa el desarrollo de ciudades y territorios inteligentes. El modelo promovido por MinTIC propone aprovechar las tecnologías digitales para propiciar transformaciones sociales, económicas y ambientales. A escala local, el Plan de Desarrollo Distrital de Cartagena 2024-2027 registra iniciativas que incorporan tecnologías en ámbitos como la participación ciudadana, la cultura y el patrimonio, el turismo, la seguridad, la digitalización de trámites y el desarrollo tecnológico.
Este despliegue, sin embargo, se produce en un contexto marcado por desigualdades digitales. Aunque el Índice de Brecha Digital (IBD) 2025 registra avances generales en el país, también evidencia la persistencia de brechas entre los territorios y un estancamiento en el desarrollo de las habilidades digitales de la población. Los resultados publicados el pasado mes de agosto, ponen de manifiesto la necesidad de fortalecer dichas capacidades para que la transformación digital beneficie de manera más equitativa a los distintos sectores sociales.
Ante este panorama, el reto de materializar una ciudad verdaderamente inteligente consiste en apartarse de un enfoque tecnocéntrico y reconocer que la tecnología es un medio y no un fin. Ello implica desplazar el énfasis de un modelo orientado únicamente a hacerla más atractiva y competitiva hacia otro comprometido con el derecho a la ciudad de quienes la habitan, en el que las personas sean reconocidas como participantes activas y no como simples usuarias de tecnologías y plataformas.
*Vicerrectora Administrativa Fundación Universitaria Colombo Internacional (Unicolombo).
