Acostúmbrense a la expresión porque ha venido para quedarse: guerra híbrida. Dícese de la guerra que es guerra, pero no es guerra, pero sí es guerra. ¿Se me ha entendido? Pues justo eso. La guerra híbrida es un concepto resbaladizo. Se nos escurre entre las manos. Se supone que implica una serie de ataques de un Estado a otro, pero sin que tengan la envergadura suficiente para poder considerarlos abiertamente hostiles, sin que en ningún momento se declare formalmente la guerra y sin que el agresor reconozca su agresión. Es, más o menos, como lanzarle a alguien una piedra y después decir yo no fui.
En el mundo actual las guerras híbridas son cada vez más habituales a causa de la voluntad que tienen algunos Estados, de lograr determinados objetivos militares, pero tratando de evitar un conflicto abierto del que nadie obtendría beneficios. En la realidad económica del presente, en la que hay tantas interconexiones y dependencias, la guerra híbrida es la manera de fastidiar al vecino buscando que te dé algo que tú quieres, pero sin hostilizarlo tanto que se vea obligado a declararte formalmente la guerra. Se evita así que el ataque se vuelva en tu contra y que se desate un conflicto abierto que, o bien es inviable, por tener las dos partes implicadas armas nucleares, o bien es indeseable, por tener las dos partes demasiados intereses en común.
Ejemplos: la Unión Europea y la OTAN no paran de acusar a Rusia de practicar la guerra híbrida con acciones como enviar “accidentalmente” drones que se estrellan en zonas fronterizas con Ucrania; poner bombas que por “mala suerte” casi explotan en aeropuertos alemanes o junto a bases militares inglesas; intervenir “sin querer” en procesos electorales de países europeos fomentando siempre las mentiras y la desinformación, etc. Recientemente no son pocos los que opinan que Marruecos fomentó la entrada de unos 80 mil de sus ciudadanos en la ciudad española de Ceuta, aparentando ser un movimiento de emigrantes, pero siendo en realidad una maniobra de presión (una fragata marroquí entró ‘casualmente’ al mismo tiempo en aguas territoriales españolas). Ni a Rusia le conviene una guerra abierta con la OTAN (por motivos como el fin del mundo y esas cosas), ni a Marruecos le interesa la guerra con España (de la cual tiene una fuerte dependencia económica), pero a ambos les puede venir bien fastidiar un poco a ver qué pasa. La guerra híbrida, les decía. Una irresponsabilidad monumental.
