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Columna

La Pie Pelúo

“La taquilla daba grandes réditos económicos, porque el cine no solo cuenta, sino que muestra. Y lo que se mostraba era la explosión de carnes femeninas zangoloteándose en la pantalla”.

RICARDO CHICA GELIS

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Son los años treinta cuando aparece en Cartagena la canción ‘Pie Pelúo, de Clímaco Sarmiento. Según testimonio de su hijo Michi Sarmiento, también músico destacado, la canción nace en el mundo cabaretil de la época. Es la versión de 1961, grababa por Discos Fuentes, la más famosa y se convierte en un éxito comercial que constituyó parte de la banda sonora esencial de la desaparecida zona de Tesca, muy conocida en razón de las actividades de cabarets, wiskerías, bares y grilles, y que constituyeron un barrio del pecado al pie de la Ciénaga de la Virgen.

La historia de Tesca aún no se ha escrito y sospecho que es por vergüenza. Y también para preservar en el olvido y en el más hermético de los secretos, la identidad de personas de todo origen social y sus intercambios lúbricos. Sin embargo, encontramos en el llamado ‘Cine de Rumberas’ que se proyectó en las pantallas barriales de la ciudad, desde los años cuarenta, que se visibiliza la vida nocturna, vida del cabaret, la vida de muelle y sus avatares. Se trata de un cine que acaecía en la gran ciudad o en un puerto indeterminado del Caribe. Así tenemos que, sus historias giran en torno al estereotipo de la mulata sensual. Y era así, porque en la moralidad fílmica de la época, la mujer solo tenía dos opciones en la vida: madre o cabaretera.

Así las cosas, las cabareteras más famosas de aquel cine descollaron con su actuación, con sus remoquetes artísticos, a saber: ‘La Tongolele’, ‘La Remolino’ o ‘La Rumbera Blanca’. Se trata de películas que, al día de hoy, permiten una mirada social al mundo popular de la época y aproximarse a cómo todo se negociaba por debajo de la mesa. No es casual que, para entonces, se aplicó una fuerte censura a este tipo de películas a donde quiera que se llegaran a proyectar, toda vez que circulan en un contexto de conservadurismo que desconfiaba del pueblo no solo por su mala educación, sino por su potencial rebelde.

Fue una censura impracticable, pues por muy malas que fueran, la taquilla daba grandes réditos económicos, porque el cine no solo cuenta, sino que muestra. Y lo que se mostraba era la explosión de carnes femeninas zangoloteándose en la pantalla. Si usted revisa la prensa local como El Universal, El Diario de la Costa o El Fígaro encontrará un recurrente regaño social, donde se acusa al cine mexicano de rumberas de corruptor de menores, inductor a fumar marihuana y un verdadero obstáculo para modernizar al país.

Mientras tanto, en el Teatro Padilla de Getsemaní se presentaba, dos o tres veces por semana, el espectáculo de ‘Big Bang Bum Sexi’. Eran desnudos artísticos y bailes exóticos que se anunciaban en prensa, en la página de los cines para más señas. Tal cual, ‘La Pie Pelúo’, bailarina que inspiró un puñado de músicos en un cabaret del barrio Torices, porque tenía en el pie un lunar lleno de pelos.

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