La persona que trabaja con nosotros en la casa me ha solicitado plata para hacer arreglos en su casa, para comprar un transformador que se le quemó, para pagar los derechos de grado de su hija. Si no la ayudo, quien la ayuda no es un banco, aunque tiene un contrato a término fijo, sino el vecino, que si no le paga a tiempo le llega tumbando la puerta de su casa, amenazándola y cobrando a su manera. Si hoy te prestan cien mil pesos en un banco, en tres meses devuelves unos ciento seis mil. Si te los presta un gota a gota, devuelves casi ciento cincuenta mil. Hay una pregunta que nadie está haciendo: ¿a quién le cobran más y por qué?
¿Qué es la tasa de usura? La tasa de usura es el techo legal a los intereses: 1,5 veces el promedio que cobran los bancos, certificado cada mes por la Superintendencia Financiera. Cobrar por encima es delito. En Colombia la tasa de usura de consumo es del 28,34% para noviembre de 2026.
Para entender la percepción del riesgo y cómo tasarlo, te doy un ejemplo: si le vas a prestar a tres amigas y sabes que una no te va a pagar (nunca paga), a las otras dos les cobras un poco más para cubrir esa pérdida. Ese extra es el precio del riesgo. Mientras más gente no paga, más caro sale el préstamo para todos; lo cobrado debe ser mayor. Así funciona la economía.
El gota a gota es un préstamo informal: te dan la plata en efectivo, sin papeles ni historial, y la pagas en cuotas diarias, gota a gota, a tasas muy por encima de la usura y con cobro bajo amenaza. Según una encuesta de ANIF y Colombia Fintech, en los hogares que ganan menos de un mínimo el 38% de lo que deben es crédito informal, y en 2024 la tasa del gota a gota llegó a 382,2% efectivo anual: 18 veces lo que cobra un banco.
Pero te preguntarás por qué hay personas que llegan a pagar esta locura por la plata. La gente necesita créditos para crecer su negocio, comprar una casa, un teléfono, pagar la universidad o hasta la salida del fin de semana. Y si la banca no te soluciona, tú buscas la solución. Entre el banco y el gota a gota hay un mundo: cooperativas, fondos de empleados, apps, el almacén que te fía la nevera, entre otros. Pero según el Reporte de Inclusión Financiera 2025, casi la mitad de los adultos no tiene crédito con ninguno de ellos.
Quienes acceden al gota a gota son personas que no tienen historial crediticio, están reportadas, están a punto de quebrarse o no tienen más opción. Y la paradoja es que no siempre son los que peor pagan. En el microcrédito, según el Banco de la República, a las mujeres les cobran 3,9 puntos más que a los hombres, aunque sus indicadores de riesgo son mejores. Y les prestan menos: en promedio, el 83,8% de lo que les prestan a ellos. Cuando una mujer pide plata para su negocio siente que es su única oportunidad para crecer y salir adelante; por tal razón no queda mal y paga a tiempo. Su compromiso es total.
El 23 de octubre, en el XVI Congreso Internacional de Asomicrofinanzas, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, firmó el acuerdo ‘Unidos contra el gota a gota’ y afirmó: “No podemos permitir que los colombianos sigan pagando intereses abusivos porque el sistema financiero les cierra las puertas”. El acuerdo busca brindar una segunda oportunidad a la gente que tiene un mal reporte, mayor educación financiera para más personas, para fortalecer el conocimiento y, por último, pero no menos importante, que se amplíe presencia territorial de entidades para llegarle a más gente y competir contra el gota a gota.
El Gobierno tiene que seguir en estas discusiones. A veces hay tantos problemas, noticias y cosas que requieren solución inmediata, que nos olvidamos de lo estructural. El crédito es algo estructural, la manera de crecer una economía es invirtiendo, poniendo a trabajar la plata, y el crédito es la solución. Lo que no es una solución para nadie es pagar tasas exorbitantes por no estar bien estudiado el riesgo crediticio de cada persona. Mientras tanto, si ellas son las que tienen menor riesgo, como la persona que trabaja en mi casa, ¿por qué les cobran 3,9 puntos más?

