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Columna

Habitar con dignidad

Planificar Cartagena también significa mirar hacia esos barrios que durante décadas han esperado que la ciudad llegue hasta sus puertas.

Emilio Molina Barboza

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En Cartagena hay barrios que, por necesidad, nacieron antes que las calles que hoy los atraviesan. Familias que durante años levantaron sus casas poco a poco, que abrieron caminos donde no los había y que construyeron comunidad mientras esperaban que el Estado les garantizara los servicios para contar con las condiciones que hacen de una vivienda un verdadero hogar. Y esa historia tiene que ser reconocida por quienes la planifican.

Esta realidad nos plantea una pregunta que va más allá de legalización de los asentamientos, ¿cómo lograr que las familias ubicadas en estos barrios tengan condiciones adecuadas para vivir con servicios públicos y entornos urbanos dignos?

El nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) parte precisamente de este interrogante para mejorar las condiciones del hábitat en Cartagena y atender la deuda histórica con sectores como los cercanos al Cerro de La Popa, Cerros de Albornoz o Ciénaga de la Virgen, que durante años han crecido en medio de carencias.

Para ello, identifica 126 ámbitos de Mejoramiento Integral y reconoce que cada territorio tiene necesidades distintas: algunos requieren avanzar en su legalización urbanística; otros, resolver deficiencias en los servicios públicos, mejorar sus viviendas o atender condiciones de riesgo.

Por eso, la propuesta clasifica estos ámbitos en cuatro categorías y establece herramientas de intervención según las necesidades de cada territorio. La legalización de barrios, la titulación de predios, el mejoramiento de viviendas y los Planes de Gestión del Hábitat hacen parte de una ruta que busca ordenar lo que ya existe y crear condiciones para que las comunidades puedan vivir mejor.

Pero hay una condición que no podemos pasar por alto: ningún desarrollo urbano puede construirse ignorando los riesgos que amenazan la vida. En los sectores expuestos a inundaciones o movimientos en masa, serán necesarios estudios detallados que, según sea el caso, nos permitirán adoptar medidas para mitigar esas condiciones.

La dimensión de esta apuesta también está expresada en sus metas: la matriz del Programa de Ejecución propone legalizar 500 hectáreas, formular 12 Planes de Gestión del Hábitat y mejorar 12.000 viviendas, con una inversión estimada de $401.380 millones.

Planificar Cartagena también significa mirar hacia esos barrios que durante décadas han esperado que la ciudad llegue hasta sus puertas. Una vivienda digna no depende únicamente de sus paredes, necesita servicios, vías, espacios públicos, seguridad y un entorno que permita construir futuro.

El reto del nuevo POT es que ningún barrio quede por fuera de esa posibilidad. Que el lugar donde una familia comenzó a construir su vida también pueda convertirse en un lugar seguro para permanecer y crecer.

Secretario de Planeación Distrital

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