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Columna

Calentamiento global en Cartagena

“Cartagena exige estas obras. No esperemos otra inundación para recordar que prevenir cuesta menos que reconstruir”.

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En estos días sentí un fuerte impacto al ver la Bahía de las Ánimas desbordada sobre el muelle e inundando las vías frente a la Alcaldía y al Camellón de los Mártires. Al recorrer Manga y Pie de La Popa encontré también muchos sectores anegados.

El calentamiento global eleva el nivel del mar y puede intensificar las lluvias extremas; sin embargo, no sería riguroso atribuirle por sí solo cada inundación: también intervienen las mareas, los vientos, la altura del terreno y las deficiencias del drenaje. Esa combinación exige respuestas integrales, sustentadas en estudios y acompañadas de mantenimientos permanentes.

Es acertado el respaldo del alcalde Dumek Turbay a las obras de protección costera y de control de inundaciones. Son inversiones necesarias que demandan un esfuerzo económico considerable. Cartagena necesita una visión de protección con soluciones acordes con las condiciones de cada sector. Hoy estamos concentrados en el litoral desde La Boquilla hasta Castillogrande, ejecutando las obras diseñadas; pero debemos atender con prioridad puntos críticos del Centro Histórico y otros sectores como Manga, Pie de La Popa y Barrio Chino. La intrusión de agua salada a sus vías, proveniente del canal que separa a estos barrios, deterioran los vehículos que por allí circulan, afectan viviendas y comercios, e incomodan a sus habitantes.

Conviene evaluar estaciones de bombeo, válvulas tipo cheque que impidan el retorno del agua por los imbornales y mejoras del drenaje. Son tecnologías disponibles, cuya aplicación exige diseños adecuados y recursos para operarlas. Las lluvias golpean con especial dureza a los barrios más pobres, donde una inundación puede destruir en horas lo conseguido durante años. Por eso, limpiar los canales a cielo abierto es indispensable, pero insuficiente. Debemos ampliar la capacidad de drenaje y avanzar en las obras que requiere El Pozón y sus 120.000 habitantes, entre ellas las intervenciones de los canales Chiamaría Uno, que debe ensancharse y revestirse en concreto gran parte faltante, para mejorar su capacidad de drenaje. Además, debe terminarse el Chiamaría Dos, que se inicio en 2013 y quedo inconcluso.

A las empresas de aseo les corresponde ejecutar, junto con el Distrito y líderes comunitarios, campañas permanentes de educación de disposición adecuada de residuos. Arrojar basura y escombros a los canales obstruye el agua y multiplica el daño.

La pedagogía debe acompañarse de recolección oportuna y control efectivo. Los primeros perjudicados son los propios vecinos. La responsabilidad es compartida, pero las autoridades deben liderar. Cartagena exige estas obras. No esperemos otra inundación para recordar que prevenir cuesta menos que reconstruir.

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