Anima sobremanera el más reciente informe del Instituto IDEEAS de la Universidad Tecnológica de Bolívar y de Cartagena Cómo Vamos, sustentado en cifras del DANE, del que resulta que entre 2024 y 2025 la pobreza monetaria moderada descendió de 41,1% a 34,6%, lo que representa un alivio tangible para miles de hogares al reducir la incidencia en 6,5 puntos porcentuales.
A ese avance se suma la caída de la pobreza extrema del 13,2% al 9,3% y una mejora sustancial en la distribución del ingreso, reflejada en el coeficiente de Gini, que pasó de 0,525 a 0,486, la mayor reducción de desigualdad entre las 23 principales capitales del país. El aumento real de los ingresos laborales en el 20% más vulnerable, junto con el repunte de ocupaciones en construcción e industria, demuestra que cuando los sectores populares perciben dinamismo, las brechas socioeconómicas ceden.
Hay que felicitar a la administración Turbay, y a las fuerzas sociales por este gran logro.
Por supuesto, el optimismo no puede apaciguar a las autoridades, la academia, y a la dirigencia cívica y empresarial frente a la fragilidad del territorio en algunos temas. La conquista social lograda en 2025 enfrenta el reto de superar las cifras de desocupación registradas desde enero a septiembre de este año. La tasa de desempleo en Cartagena se ha mantenido en dos dígitos, en niveles que van del 12,8% al 14,6%. En ese periodo la ciudad ha ocupado el puesto dos o tres del ranking nacional, entre las ciudades que mide el DANE.
Solo en septiembre la tasa de desocupación en la ciudad fue 13,7%, 4 puntos porcentuales más que en igual mes de 2025 (9,7%), según el informe del mercado laboral emitido por el DANE este viernes, señalando que la informalidad laboral al cierre de septiembre se sitúa en 46%, 2,5 puntos porcentuales menos que en igual mes de 2025. Igual, la tasa de desempleo juvenil (entre 15 y 28 años) pasó del 19,7% en septiembre del año pasado a 24,2% en igual mes de este año.
Si a esto se suma que la informalidad y la desprotección pensional siguen atrapando a más del 56% de los trabajadores, el riesgo de que el repunte del desempleo en 2026 afecte los avances contra la pobreza alcanzados en 2025 no es despreciable.
Reducir la pobreza mediante transferencias asistenciales o rachas temporales de empleo informal es un alivio transitorio; pero la única garantía para blindar a las familias contra la miseria es el empleo formal y de calidad. Tenemos derecho a celebrar los logros en pobreza de 2025, así como conviene articular una alianza entre el sector público, la empresa privada y la academia técnica y profesional. Cartagena necesita atraer inversión estratégica, adaptar la formación profesional a las vocaciones portuaria, turística e industrial, y robustecer el tejido productivo. Solo un mercado laboral dinámico evitará que la ciudad retroceda en lo andado en 2025.
