Hemos cumplido una etapa importante en nuestro país, de cara al futuro inmediato después del debate electoral de este domingo.
No puedo ocultar la inmensa tristeza por la forma como las diferentes campañas se destacaron, más por los ataques y defensas entre candidatos y simpatizantes, que por sus propuestas y antecedentes; no es buen augurio que la publicidad negra sea una herramienta para quienes pretendan llegar al poder donde las ideas cada vez pierden más peso y la desinformación no es castigada.
Es urgente en nuestro país que ese fervor despertado por los partidos de nuestra selección, uniendo barrios, amigos y vecinos, también se despierte en el valor de servir, respetar y humanizarnos como administradores, funcionarios, ciudadanos y servidores públicos.Nuestro país, sumergido en un conflicto con más de 50 años, ve con ilusión y esperanza la oportunidad de avanzar positivamente hacia la paz; por esta razón, es la hora de acoger el verdadero valor de intentar el diálogo y superar la cobardía de enfrentar con armas, siendo nuestros ciudadanos escudos en esta guerra, mientras damos órdenes en los balcones de lujosos edificios.
Así, es la oportunidad de convencer en las mesas de diálogo con palabras y no en las tierras de nuestros campesinos con balas y sangre.
Es el momento de dar fin a un conflicto y empezar a invertir en vías terciarias, tecnificación del agro, subsidio a los insumos para ser competitivos, recuperar las tierras estériles por la palma de aceite y abandonadas por el temor del odio la venganza y el resentimiento.
Es la oportunidad que tiene el presidente Santos para demostrarle a los más de 8.000.000 ciudadanos que lo respaldamos y a más de 47.000.000 de habitantes que representa, que vale la pena trabajar por la paz.
Es la oportunidad para demostrarle al mundo que podemos soñar con un país seguro, que podemos avanzar en el turismo, que podemos avanzar en la inversión, que mejoraremos en calidad con una Colombia más educada, que nuestro mayor activo es el campo y que lo vamos a fortalecer por ser mayoría y que será la producción, nuestra materia prima para fortalecernos como industria.
Es la oportunidad para que nuestros congresistas no se miren como de izquierda o derecha, como si fueran fronteras, o barreras invisibles, tal como ocurre con los jóvenes en riesgo de nuestros barrios, es hora de respaldar las buenas acciones y cuestionar las malas, sin importar el color del partido al que se representa ya que son los colores amarillo, azul y rojo por los cuales elegimos y nos hacemos elegir como colombianos.
*Administrador público, Concejal de Cartagena
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