Hace más de medio siglo, la humanidad dirigió su mirada al cielo con gran asombro y una nueva ambición: La conquista del espacio. En 1969, el programa Apolo de la NASA logró transportar al ser humano a la Luna, instalando en la conciencia colectiva la idea de que cada vez son menos las cosas imposibles de lograr.
Hoy, 56 años después, celebramos el éxito del programa Artemis, cuya misión tripulada (Artemis II) completó con éxito un sobrevuelo lunar y el retorno seguro de sus tripulantes a la tierra. Este avance sienta las bases para futuras misiones de alunizaje y traslados hacia el planeta rojo, evidenciando las excepcionales capacidades del ser humano para ampliar sus límites y materializar proyectos de alta complejidad.
El nombre de la misión nos recuerda a la deidad griega hija de Zeus, hermana de Apolo, afín a la noche, la Luna, la naturaleza y lo indómito. Si Apolo representó la conquista del espacio, Artemis sugiere una relación más compleja y, quizás, más consciente con el entorno lunar y con el universo. Este logro científico es una declaración cultural y simbólica en la que Artemis encarna a la sociedad contemporánea de carácter complejo, feroz y protectora, capaz de materializar proyectos de alta complejidad y gran envergadura.

El sueño de integración de los cartageneros
BERNARDO ROMERO PARRAEsta nueva era espacial presenta grandes retos y visibiliza importantes aprendizajes. Por una parte, la selección de la tripulación de Artemis II refleja una evolución en la representatividad de la exploración espacial, al incluir a una mujer, a un astronauta afroamericano y a un tripulante canadiense en una misión lunar. Por otra parte, se hace evidente de modo aún incipiente la integración de países emergentes que históricamente han ocupado posiciones periféricas en el sistema científico mundial. Ejemplo de ello es la participación de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, a través del desarrollo del satélite Atenea, seleccionado por la NASA como parte de la misión.
Este hito histórico nos muestra que, incluso en contextos marcados por conflictos delirantes y profundas desigualdades estructurales, las sociedades son capaces de articularse para desarrollar proyectos de gran envergadura e interés universal. Si bien este proyecto científico pone de manifiesto nuevas desigualdades, tensiones y formas de control, la misión Artemis II podría llegar a configurarse como un referente de democratización de las tecnologías en la medida en que promueva la cooperación internacional, la participación de instituciones académicas, centros de investigación y países emergentes.
Volver a la Luna, entonces, no es únicamente un logro científico: es una declaración cultural; es la afirmación de que la humanidad, a pesar de sus contradicciones, sigue siendo capaz de proyectarse más allá de su presente inmediato. Si Apolo abrió el camino y nos enseñó que podíamos llegar, Artemis nos exhorta a preguntarnos sobre lo que somos capaces de construir y transformar como sociedad.
*Vicerrectora administrativa de la Fundación Universitaria Colombo Internacional - UNICOLOMBO.
