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Hay más de 58.000 motos registradas en el DATT, sin contar las de municipios vecinos, situación que aumenta las motocicletas circulando en una ciudad con escasas vías y de casi un millón de habitantes según el DANE, son parte de la inseguridad vial y el problema social alrededor del mototaxismo.

Es curioso salir un día sin moto y encontrar las vías más fluidas y una tranquilidad para quienes conducen vehículos particulares o de servicio público; ¿será acaso que las motos ocasionan los trancones? ¿Será que los ciudadanos ese día se quedan en casa?  ¿Los viernes sin moto afectan la actividades como el comercio y otras?

También es común ver las zonas peatonales invadidas por motos arriesgando la vida del ciudadano y de quien conduce; cruces prohibidos, menores de edad y mujeres en embarazo como parrilleros, semáforos en rojo irrespetados, maniobras peligrosas, invasión de carriles y múltiples infracciones de tránsito.

Dentro de la difícil situación de nuestra ciudad con el incremento de motos, se suma la delincuencia: sicariato, fleteos, atracos y otras modalidades mediante este medio de transporte generan incertidumbre. Pero sin duda alguna el delincuente en moto es un actor diferente al servicio que presta el mototaxista.

Lo anterior nos permite encontrar siempre un fenómeno atribuido a las motos. Sin embargo la problemática es mucho más de fondo. La mototaxi es la solución que se inventaron nuestros ciudadanos ante varias ausencias del Estado, una de ellas y quizá la más importante es ser gestor de su propio empleo, debido a la falta de oportunidades laborales, otra es el pésimo servicio de transporte público, y la carencia de rutas en barrios populares.

No es común ver profesionales, técnicos y académicos manejando una mototaxi. Es la triste realidad donde el informalismo es la vía de ingreso de nuestros ciudadanos y la mototaxi es una fuente de ingreso para muchas familias de profesionales sin empleo. No tenemos un censo real de las familias que viven de este servicio y mucho menos están caracterizadas para conocer su salud, educación, vivienda y servicios públicos. Está claro que el verdadero mototaxista es prestador de un servicio informal para subsistir.

Este fenómeno debe ser intervenido desde el punto de vista socioeconómico de las familias cartageneras, en donde es necesario trabajar en formar el ser humano, para lo cual nuestros Congreso, concejo, gobernador y alcalde en conjunto con los actores principales, de la mano de la verdadera información que arroja la caracterización, deben diseñar una política para generar empleo, educación con pertinencia, mejoramiento de vías, transporte público, movilidad y accesibilidad; sin dejar de un lado la humanización de la administración pública.

*Concejal bancada de ASI

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