La viceministra de Agua y Saneamiento Básico de Minambiente, Claudia Mora Pineda, lanzó ayer la versión número quince de la campaña “Todos por el agua”, para concientizar a los colombianos de cuidar nuestros lagos, quebradas, ríos, costas y mares. La jornada consiste en recoger basuras en 12 puntos de 8 departamentos. En Cartagena, la recolección será en Playa Blanca, la Boquilla y se habrá limpieza submarina en otros lugares.
La “cruzada”, como la denominó el boletín de prensa de Minambiente de ayer, la apoyan varias compañías y entidades públicas: ExxonMobil de Colombia SA, Coca-Cola Servicios de Colombia, Coca-Cola Femsa, Alpina, Henkel Colombiana SAS, Sociedad Portuaria Terminal Las Flores, Copa Airlines Colombia, Fundación Natura y el Acueducto de Bogotá, además de la Armada, Policía Nacional, Cruz Roja, Fundación Mamonal, alcaldías, gobernaciones, las CAR y otras. Y por supuesto, hay 3.000 voluntarios que hacen el trabajo de verdad.
Esta es una campaña meritoria e indispensable, pero insuficiente y demasiado urbana, por razones obvias de logística, pero que se necesita muchísimo más en otros lugares, como las áreas rurales. Quien conozca los arroyos y quebradas de Turbaco y Arjona, o los de Montes de María, quedará mortificado por su contaminación insoportable, especialmente de bolsas y botellas plásticas, aun en las espesuras más recónditas.
La razón es obvia: así como los habitantes de Cartagena atiborran las calles y los canales pluviales de basuras, aun a sabiendas del daño por represamiento e inundación a los barrios, los moradores de los pueblos del Caribe colombiano –sin ninguna opción de recolección de basuras-, las lanzan a los arroyos “para que se las lleve la corriente”, como si por irse de su pueblo desaparecieran, en vez de quedar engarzadas en las ramas bajas de árboles ribereños en las espesuras aguas abajo, que serían prístinas de no ser por la plastificación forzada y detestable a que las someten los humanos.
En El Salado, corregimiento a 19 kilómetros de El Carmen de Bolívar, en donde la Fundación Semana y sus patrocinadores realizan una labor de recuperación urbana y social maravillosa, tienen que enfrentar este paradigma suicida, con el agravante de que el arroyo que se arma cada vez que llueve pasa por el centro del pueblo, y apenas escurre es su calle principal. Es decir, la “recolección” de las basuras las hace la creciente. Cosa similar ocurre en casi todo el campo del Caribe colombiano.
La Ciénaga de La Virgen, donde llegan las escorrentías de Turbaco y cerros aledaños, que luego cruzan muchos barrios de Cartagena, es el receptáculo de basuras rurales y urbanas, muchas de las cuales alcanzan a salir al Mar Caribe por La Bocana, a “adornar” las playas ya feas de la ciudad turística.
Hay que buscar cómo extender esta campaña, especialmente a la Colombia profunda y marginal, porque no sirve de mucho que se quede apenas en las orillas de “mostrar”, cuando la contaminación avanza sin control en el que mucha gente creería que es el campo impoluto.