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Editorial

El amargo crepúsculo de los grandes artistas

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Así nació la Fundación por los Artistas Mayores, que ha tratado de hacer más serena y amable la vida de quienes durante muchos años aportaron su talento y capacidad al desarrollo de la televisión y el teatro en Colombia, y que recibieron la ingratitud y la indiferencia como recompensa.
A través del Círculo Colombiano de Artistas, María Eugenia logró fundar hace muchos años la Casa del Actor, donde se pensaba instalar a 33 artistas mayores, pero sólo había cupo para ocho, que encontraron allí refugio y espacio para compartir sus recuerdos y sus esplendores antiguos. Los demás tuvieron que irse a pensiones, cuartitos en casas estrechas o con algunos familiares pobres.
Cerca de la Casa del Actor, con más escaleras que cuartos, hay un barranco que ha averiado la estructura, y la humedad cubrió sus paredes. En las últimas semanas, un pleito jurídico amenaza con desalojar a los que quedan allí.
Entre los ocho que han vivido en la casa está María Eugenia Dávila, una inolvidable protagonista de telenovelas y películas que a sus 62 años padece de varias enfermedades, la peor de todas, el olvido.
Los mayores de 45 años recuerdan a María Eugenia en producciones como “María”, “La abuela”, “Hato Canaguay”, “La mala hierba”, “Manuelita Saenz”, “Pero sigo siendo el Rey”, “Quieta Margarita”, “La maldición del paraíso” y “Señora Isabel”, entre muchísimos otros papeles, y en películas como “María Cano” y “El día que me quieras”.
Estuvo en la cima del éxito y fue durante tres décadas la gran estrella de la televisión nacional por su belleza y su talento, y la preferida de directores como Jorge Alí Triana, Bernardo Romero y David Stivel. Tenía fama, bonanza económica, reconocimiento público, premios y trofeos.
Desde 1999 dejó de aparecer regularmente en televisión y sólo actuó en papeles cortos y poco importantes, se sumió en la depresión, acudió al alcohol y las drogas, y el abandono casi la mata de tristeza.
De todo ese esplendor, solo le quedó el amargo sabor de la gloria antigua, difusos recuerdos que no le han servido para tener una pensión que le permita vivir tranquila.
Esta semana fue hospitalizada, y sus gastos médicos corren por cuenta de Pepe Sánchez, otro inolvidable actor y director, cuya generosidad es mayor que sus recursos.
Como ella, otros grandes actores y actrices colombianos pasan sus días maduros en medio del olvido, sin saber si podrán comer mañana o si tendrán un techo donde pasar su otoño.
Humberto Arango, protagonista de telenovelas y series como “Una vida para amarte”, “Los pecados de Inés de Hinojosa” y “La Cosecha”. Inés Correa, participante en más de 30 telenovelas, series y películas, y en innumerables obras de teatro.
Es una historia demasiado conocida, pero repetida incesantemente en actores, deportistas, escritores, cantantes y compositores, que mueren en la miseria, dejando una obra que enaltece la cultura colombiana.
Sacudamos la indiferencia y colaboremos con lo que esté a nuestro alcance para que nuestros artistas no mueran olvidados.

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