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Editorial

Sostener las islas cuesta mucho

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Es una buena noticia que fuera instalado ayer en el Hotel Caribe, de Cartagena, el Primer Simposio Internacional sobre la Administración sostenible de los Archipiélagos Islas del Rosario y San Bernardo. El evento fue organizado mediante una alianza entre el Incoder y  la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Según dice El Universal de hoy, “El evento se realiza  para facilitar la identificación y concertación de acciones para lograr la administración sostenible de los baldíos de los Archipiélagos de las Islas del Rosario y San Bernardo con actores sociales e institucionales”.

Ojalá que esta alianza entre Incoder y la Tadeo Lozano logre pasar de la retórica oficial a la acción, gracias a los insumos que pueda ofrecer la academia. Hasta hora solo se ha hablado mucha paja acerca de las islas por las entidades oficiales encargadas de estas y no ha pasado nada distinto de que se deterioren a gran velocidad las casas y predios por la falta de confianza de los arrendatarios en la continuidad de los contratos, por un lado; y las propias islas por el embate del mar, con un nivel medio cada vez más alto, y por la sedimentación del Canal del Dique, que ataca sus corales.

Estos mueren por el lodo que los cubre y también por el blanqueamiento causado por la mayor temperatura del mar, como mueren en muchas otras partes del mundo.Parques Nacionales habló desde hace al menos 5 años de un estudio de carga que aún no conocemos, y también de un plan integral para proteger a las islas de la erosión causada por el oleaje.

Pero tampoco ha pasado nada en este sentido y es palpable cómo se desmoronan algunas islas y partes de Isla Grande, especialmente cuando llega el verano y el oleaje alto, empujado por las brisas del norte, que ya no encuentra barrera coralina que lo desintegre, así que le da con toda fuerza a ese lado de las islas. Y no hay el tal plan integral ni tampoco dejan que los particulares que aún quieren hacerlo, protejan las áreas que usan bajo arriendo.

Tratar de lograr la sostenibilidad de las islas es una buena iniciativa, pero tendría que comenzar por reinvertir los arriendos que se cobran allí en protegerlas, señalizarlas y vigilarlas.

La sostenibilidad también depende de que en vez de que se pierdan arrendatarios por la incertidumbre de unos contratos que parecen depender en buena parte del capricho de ciertos funcionarios, estos se estimulen con mejores condiciones y duración para generar empleo duradero entre la población de las islas, cuya tendencia es cada día hacia una mayor informalidad.

El acoso de los vendedores ambulantes en canoas y lanchas con motores fuera de borda llega ya a proporciones desesperantes para propios y extraños, y terminará por ahuyentar el poco turismo de altos ingresos que llega al archipiélago, que es el que más gasta y menos desgasta el entorno.

Ojalá que las entidades oficiales les oigan a la Tadeo Lozano para que las islas no terminen de desmoronarse y turgurizarse, con lo que su sostenibilidad, ya amenazada, llegaría a cero y nada podría salvarlas.

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