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Editorial

Árboles nativos en vez de “inventos”

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Por falta de una planeación urbana seria en Cartagena, no sólo se han reducido las zonas verdes, sino que los pocos árboles frondosos que hay en barrios como Manga y el Pie de la Popa, se volvieron un peligro para sus habitantes pues algunos han caído sobre casas o automóviles y otros amenazan hacerlo, por lo que nuestras autoridades ambientales, tarde o temprano tendrán que echarlos abajo. Lo peor es que las centenarias ceibas o los grandes árboles que se han caído o han tenido que ser talados para evitar desastres, no han sido reemplazados por nuevos ejemplares que mantengan el equilibrio ecológico y contribuyan a la frescura del clima.

En algunos parques recién remodelados o construidos se sembraron árboles para recuperar el espacio verde perdido en Cartagena con el crecimiento acelerado de la ciudad, pero ello no ha sido suficiente para conservar el pulmón vegetal que haga menos agobiante el calcinante calor local y purifique el aire contaminado de las emisiones de tanto carro particular y de servicio público.

En algunos espacios como el Camellón de los Mártires, fueros sembrados árboles de especies no habituales, pero aparentemente adecuadas para este clima, que se han desarrollado, pero no con la frondosidad para convertir ese sitio en un oasis refrescante en el agobio del mediodía cartagenero. Y en la Avenida Pedro de Heredia, en el sector de Chambacú fueron plantados árboles de mango, cuya eficacia pronto podremos comprobar. Es un intento de perseverar en las campañas de incrementar los espacios verdes en la ciudad, que han fracasado porque después de sembrar cientos de árboles, estos usualmente son dejados a  la buena de Dios, sin riego ni cuidado.

Menos mal que Aguas de Cartagena adoptó muchas zonas verdes que hoy son unos oasis, pero faltan muchas más.En Cartagena necesitamos una arborización masiva garantizando su supervivencia, utilizando especies tradicionales, las que durante años nos dieron sombra.

El gobierno de Chile hará un proyecto denominado “Un árbol un chileno, programa de arborización urbana” que en 2018 llegaría a 17 millones de árboles plantados. Pero no será plantar cualquier árbol, o transformar paisajes típicos en una especie de paisaje costero al estilo de Miami, con palmeras por todas partes, como sucede en varias ciudades de América Latina, entre ellas una coincidencialmente chilena: Valparaíso.

En Santiago, la capital de Chile, por las avenidas principales habrá una acequia y alrededor de ella florecerán sauces, bellotos del norte, quillays y los almez, especies identificadas según su necesidad de agua, espacio y plagas.

El proyecto fue diseñado por especialistas vinculados a universidades, que elaboraron como investigación académica la Guía de Arborización Urbana, donde proponen 35 especies que por sus ventajas son ideales para el espacio público, entre las que están cedro, palma chilena, níspero, peumo, melia, jacarandá, higuera, espino, olivo y quebracho.

Esta es una iniciativa que vale la pena imitar aquí.

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