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Editorial

Los peajes

“En el ‘estallido social’ de 2021 y en la campaña política para Presidencia, buena parte de quienes hoy gobiernan desacreditaron los peajes. Las consecuencias están a la vista, y Turbaco es apenas un ejemplo”.

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Con la declaratoria de desobediencia civil como rechazo por la reactivación del cobro en el peaje de Turbaco, llega a su culmen una historia que tiene muchas caras, como la de la incertidumbre y el desespero de miles de habitantes humildes de las poblaciones de Bolívar, que no saben qué hacer ante la suspensión del servicio de transporte público intermunicipal; o la de decenas de personas que buscan otros medios de transporte para ir a sus trabajos o hacer diligencias, o retornar a sus casas; o la de los conductores que quedan atascados en la vía, o la grave restricción de movilidad para camiones y tractomulas con todo lo que ello supone para la logística y la economía departamental y nacional.

Los miembros del Comité No Más Peajes, habitantes de Turbaco y miembros de otros colectivos tienen razones para protestar, y las han explicado con suficiencia desde antes de que se reactivara el cobro. Tras el llamado de la comunidad, del gobernador Yamil Arana y de los alcaldes de Turbaco y Cartagena, el Gobierno nacional lanzó una nueva contrapropuesta, que tampoco fue aceptada por los manifestantes.

Nadie quiere pagar peajes, pero por las recientes declaraciones de los voceros de la ANI, ya es claro que el Gobierno finalmente comprendió que son necesarios para la construcción y mantenimiento de las vías nacionales, pues no hay presupuesto estatal que pueda soportar semejantes inversiones.

“... No respetar el funcionamiento de los peajes podría generar costos altísimos para el Estado... Sin peajes no se logra garantizar la sostenibilidad financiera...”, dijo la ANI.

En el ‘estallido social’ de 2021 y en la campaña política para la Presidencia, buena parte de quienes hoy gobiernan desacreditaron los peajes. Las consecuencias están a la vista, y Turbaco es apenas un ejemplo. No vemos cómo se pueda reactivar permanentemente ese y otros peajes.

Hay que buscar, entonces, otras soluciones creativas que ya existen en países desarrollados. Por ejemplo, las vías nacionales no entran a las poblaciones; hay que sacarlas de sus perímetros para que solo paguen quienes se mueven más allá de dos municipios. También se puede apelar a los ‘peajes en la sombra’, en los que el usuario no paga en casetas de peaje, que no existen, sino que el pago se hace por otras formas, pues los conductores de vehículos obligados deben pagar virtualmente el consumo mensual, o a una cuenta bancaria; con reconocedores de cámaras instalados en sitios estratégicos de la vía, de tal manera que quien no pague el consumo es multado.

Puede haber tarifas horarias diferenciadas, para promover que las mulas circulen por la noche (en todo caso, fuera de las horas pico). Eso sí, el sistema requiere pórticos, o cámaras, para reconocer matrículas y contar vehículos, todo lo cual busca que una concesión evite al Estado inversiones, y que determinados usuarios (particulares) no paguen.

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