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Editorial

La hotelería en alerta

“Cualquier caída en la industria turística golpea las realidades de la economía nacional por cuanto esta representa al menos 1,4 millones de empleos...”.

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Cartagena sigue en el primer lugar en ocupación hotelera del país; así lo demuestran las mediciones al cierre del primer semestre de este 2024. Por ejemplo, los hoteles afiliados a Cotelco Nacional registraron una ocupación promedio del 54%, mientras que en nuestra ciudad ese indicador fue del 67,87%.

Sin embargo, si se comparan las cifras con períodos anteriores, sin contar pandemia, se nota un descenso en el gasto en alojamiento y restaurantes entre el primer trimestre de 2023 e igual periodo de 2024 que, según análisis del exdirector del Dane y actual concejal de Bogotá, Juan Daniel Oviedo, es debido al frenazo drástico que tuvo el consumo en los hogares colombianos por el choque económico que generó la inflación, el incremento de las tasas de interés y la incertidumbre política alrededor del manejo de la economía. A esto agregamos la baja en el flujo de viajeros nacionales, pues en cuanto a los internacionales se logró un incremento en el 25% en 2023.

Cualquier caída que tenga la industria turística golpea las realidades de la economía nacional por cuanto esta representa al menos 1,4 millones de empleos en todo el país. El dato es relevante ahora que el Gobierno nacional está empeñado en reemplazar los ingresos provenientes de la extracción de hidrocarburos y minería con otras, como el turismo, para lo cual necesitaría, conforme con diversos estudios, incluidos los de Anif, quintuplicar el número de turistas (de 5,8 millones a 27,4 millones) o aumentar el gasto per cápita de los turistas de US $1.472 a US $6.878.

Es claramente imposible lograr esas cifras soñadas al menos en los próximos seis años, salvo que se haga un esfuerzo enorme en temas que no son macroeconómicos, es decir, en temas que dependan de las actividades del Gobierno nacional, de los locales y del sector privado.

Trabajar en asuntos sensibles, como la inseguridad o riesgo país; o en brindar un ambiente con diáfana certidumbre, evitando los bandazos, la polarización, la confrontación verbal o la inestabilidad en las políticas de gobierno, o la ausencia de medidas contracíclicas para enfrentar los desafíos económicos, son indispensables para un sector, el turístico, que vive también de la buena fama, la estabilidad y las facilidades que se ofrezcan a los operadores del sector y a los potenciales turistas nacionales y extranjeros.

A nivel local, centrarse en regular la informalidad, especialmente la que ha suscitado un creciente desarrollo del hospedaje de casas y apartamentos no regularizados como centros de hospedaje reconocidos por el Estado, los cuales no solo no aportan al erario vía impuestos, que no pagan, sino que también suponen una competencia desleal con el sector formalizado (hoteles, residencias, hostales, casas y apartamentos) que sí están registrados y que, además, pagan los impuestos propios de la industria turística formal.

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