Las centrales obreras y los trabajadores cartageneros conmemoraron ayer el Día Internacional del Trabajo con dos movilizaciones paralelas que recorrieron puntos estratégicos de la ciudad. La primera, organizada por el Comando Departamental Unitario (CUT y CTC), centrando sus consignas en temas de interés nacional y participación política; y la otra, por la Confederación General del Trabajo (CGT), enfocada en dignificar a los trabajadores del turismo y la economía popular.
La jornada, con doble marcha, reflejó la diversidad de los sectores productivos de la Heroica y su compromiso con reivindicar los derechos laborales en un ambiente de civismo; pero no pasó inadvertida esa división, que refleja también lo que está ocurriendo en las bases populares a nivel nacional.
Sabemos que el Día Internacional de los Trabajadores conmemora la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 en Estados Unidos, donde miles de obreros exigieron reducir la jornada laboral a ocho horas, lo que escaló en la Revuelta de Haymarket en Chicago, resultando en la ejecución y encarcelamiento de líderes sindicales tras un juicio injusto. Estos hombres, conocidos como los “Mártires de Chicago”, se convirtieron en el símbolo mundial de la lucha por la dignidad y los derechos laborales.
Y en el aspecto espiritual, también se celebra la fiesta de San José Obrero, instituida el 1 de mayo por Pío XII en 1955, como una respuesta de la Iglesia para dignificar el trabajo humano, proponiendo a José como el modelo ideal de obrero que une la virtud al esfuerzo físico, protegiendo la estructura familiar frente a los riesgos del capitalismo desenfrenado y las ideologías estatistas, a partir de las reivindicaciones propuestas por León XIII en su encíclica Rerum Novarum, del 15 de mayo de 1891.
Y en nuestro suelo, históricamente la relación entre los sindicatos colombianos y el Gobierno cada 1 de mayo ha sido de confrontación. Las centrales obreras han utilizado esta fecha como una plataforma legítima de oposición para denunciar reformas regresivas y, de manera crucial, para exigir justicia ante la violencia sistemática contra líderes sindicales.
Aunque es apenas natural que cuando el mandatario de turno tiene afinidad con los movimientos sociales, los gremios obreros suelen pasar de la protesta al respaldo estratégico, movilizándose para presionar la aprobación de reformas oficiales, sería fatal para la preservación de la autonomía sindical frente a la lealtad política que estas organizaciones se conviertan en apéndices de los gobiernos de turno o, peor, subordinados al discurso estatal, pues se desnaturalizaría la razón prístina de la causa obrera.
En todo caso, el Día del Trabajo es el reconocimiento del ser humano como motor del mundo; por eso, el trabajo es, en el fondo, el más palpable y común camino para la realización de la persona.
