La ciudad comienza a atravesar una crisis de abastecimiento de agua que ha derivado en racionamientos programados en el 15% de la ciudad, habitualmente, y fallas estructurales que se han vuelto recurrentes.
El alcalde Dumek Turbay ha manifestado una ruptura de confianza con el operador privado, Veolia, señalando falta de transparencia en la comunicación y deficiencias operativas, con lo cual, ya el conflicto no es solo técnico, sino también contractual.
Aunque el Distrito es el socio mayoritario, con el 50%, Veolia tiene el control operativo, razón por la que el alcalde anunció que contempla revisar el contrato, vigente hasta 2034, y evalúa inversiones directas del Distrito por $200 mil millones ante la aparente incapacidad de gestión del operador.
Acuacar, bajo el modelo de un operador privado, ha rendido provechosos frutos a la prestación de los servicios públicos de acueducto y alcantarillado sanitario. La experiencia con esta empresa ha sido fructífera, acompañando al desarrollo de la ciudad sin mayores contratiempos y muy bien administrada.
Sin embargo, con el cambio de operador comenzó una variación en el estilo de gestión que pudiera haber sumado para la crisis actual, en tanto que paralizó injustificadamente la ampliación de los módulos de la planta El Cerro, sin gestionarse de manera efectiva la construcción del segundo módulo que en su momento se señaló para habilitarse a los cinco años.
Veolia está obligada a recuperar la confianza de la Administración distrital, pues no puede imponerse la idea de que el privado priorizó el ahorro de costos o la estabilidad financiera de la empresa sobre la inversión en infraestructura crítica, ocultando el deterioro de la red hasta que el sistema colapsó por factores externos, como algas y sedimentación. Sería fatal que surgiera la idea de que volver a lo público es la solución.
Si EPM, como empresa del más alto estándar nacional en la propiedad oficial que había sido ejemplo de manejo exitoso desde lo público, durante el periodo del anterior alcalde de Medellín padeció de una gestión que atentó contra el buen gobierno corporativo, según lo señalaron las actuales directivas de esa empresa, qué se puede esperar de un Acuacar retornando a lo público después de la oprobiosa experiencia de los últimos años de las EPM de Cartagena.
Veolia tiene que hacer su mejor esfuerzo, en armonía con el Distrito, para cumplir las proyecciones originales de construir un módulo de tratamiento cada cinco años. Entre tanto, por tener Acuacar un alto endeudamiento parece ineludible que el Distrito intervenga financieramente si se quiere una solución rápida.
Sabemos que el nuevo gerente, a quien la ciudad valora por su altísima competencia y entrega, ya contrató obras por una suma importante para este junio, lo que permitiría aprovechar la capacidad actual de la planta.
¡Pero Veolia tendría que ir más allá!
